• Iris P.

LA CONCIENCIA



A menudo oímos decir “Tengo la conciencia limpia” o “mi conciencia no me reprocha de nada”. Esto es suficiente para los hombres, pero ¿es suficiente para Dios? 


Alguna vez se ha planteado la pregunta de ¿qué es la conciencia? Un diccionario bíblico lo define como: “una facultad que permite al ser humano tener cierto discernimiento entre lo bueno y lo malo”. Esta es una facultad que nos ha sido dada por Dios, así como la inteligencia, la memoria o la reflexión. 


El problema es que vivimos en una sociedad cambiante, en la que lo que hace unos años era considerado como malo, ahora se acepta como bueno; como por ejemplo, el aborto, los matrimonios del mismo sexo, las parejas heterosexuales que conviven sin casarse, etc. Y la conciencia de las personas ya no les acusa si están haciendo algo malo, ya que se han acostumbrado a la maldad. Sin embargo, Dios nos hace una advertencia: 


¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos! (Isaías 5.20–21)

¡No nos dejemos engañar! La sociedad puede cambiar, pero Dios no cambia (Malaquías 3.6) y su apreciación del mal y la definición de lo que es pecado delante de sus ojos, tampoco, porque él es justo (Salmos 11.7) y su trono es uno de justicia (Salmos 89.4).


Por lo tanto, tengamos cuidado y no nos fiemos únicamente de nuestra conciencia, sino que analicemos nuestras acciones y pensamientos a la luz de las escrituras; que es donde encontramos los parámetros del Santo Dios creador; porque recordemos que Dios no puede aceptar el mal. Él dice de los seres humanos:


Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos, pero el Señor sondea los espíritus. (Proverbios 16.2)

Incluso nuestras propias conciencias nos traicionan, por lo que no podemos confiar en ellas. No obstante, y a pesar de nuestro mal, Dios Padre en su amor, fue movido a enviar a su Hijo a este mundo pecador para salvar a sus criaturas de la condenación eterna (Juan 3.16-17). Por eso desea que cada ser humano tome conciencia de la necesidad de arrepentirse para ser salvo, porque: 


Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras. (Jeremías 17.9–10). 

Y es por eso es que el Señor Jesús dijo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio. (Marcos 1.15)


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