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  • Foto del escritorAlexis Sazo

La ascensión



El Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. (Marcos 16:19)


La ascensión de Cristo tuvo lugar 40 días después de su resurrección. Leyendo este relato nos llama la atención el hecho de que los discípulos de Jesús vieron con sus propios ojos esa partida extraordinaria, pues dice:


«Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (Hechos 1:9-11).


Pero ¿por qué es tan importante que la ascensión del Señor Jesús al cielo haya sido vista por los apóstoles? Porque Dios quiso dar a sus testigos la prueba de que su Hijo realmente fue alzado al cielo. No es una especulación: esos hombres (los discípulos «galileos») lo vieron, testificaron de ello y su relato está escrito en la Biblia. Nosotros no lo vimos personalmente, pero por las declaraciones de los testigos oculares sabemos que ocurrió. Aunque antes de ir a la cruz, Él nos dejó una promesa:


En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. (Juan 14:2–3)


¡Qué esperanza extraordinaria! El Señor Jesús volverá por aquellos que creen en Él y los llevará a la casa de su Padre, al cielo. En una sociedad que cada vez se torna más y más cargada al mal, esta esperanza cierta que tenemos los creyentes, nos debe llenar el corazón; por eso el apóstol Pablo les dijo a los tesalonicenses, hablando de la venida del Señor:

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras. (1 Tesalonicenses 4:18)


Y usted, ¿tiene esta esperanza?


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