• Alexis Sazo

Ir tras las vanidades



No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades. Pues Jehová no desamparará a su pueblo, por su grande nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo. Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto. Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros. (1 Samuel 12.21-24 RVR60)

¿Por qué nos apartamos en pos de vanidades? Porque lamentablemente no estamos lo suficientemente cerca de nuestro Dios; porque el brillo del mundo nos parece mejor o porque sencillamente cedemos ante los engaños del enemigo amando el mundo más que a Dios. Nos vamos en pos de las vanidades de esta tierra a pesar de que Dios nos dice que no amemos a este mundo


No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. (1 Juan 2.15 RVR60)

Sin embargo, lo maravilloso es que a pesar de nuestra infidelidad, nuestro Dios no nos desampara, no se aleja de nosotros a pesar de que nosotros sí nos alejamos de Él, pues siempre permanece fiel (2 Tim 2.13).


Cada creyente, en cualquier momento de su carrera espiritual puede caer; por eso se nos llama a no sentirnos seguros cuando Pablo nos dice: Si ustedes piensan que están firmes, tengan cuidado de no caer (1 Corintios 10.12 NTV). Y si sabemos que nos podemos deslizar, no nos podemos apuntar los unos a los otros, sino como nos dicen los versos del principio, debemos seguir el ejemplo del profeta Samuel y rogar por nuestros hermanos.


Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto. (1 Samuel 12.23 RVR60)

Debemos seguir este ejemplo de amor, pero evitando amar solamente de palabra, sino de hecho, es decir con acciones, haciendo algo por el otro, tal como nos dice Juan en su primera carta (1 Juan 3.18); es de estos sacrificios que se agrada Dios:


Y no os olvidéis de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque de tales sacrificios se agrada Dios. (Hebreos 13.16 LBLA)

Pero por sobre todas las cosas, hagamos de las palabras que el profeta Samuel dijo al final de los versos que puse al principio:


Solamente temed al Señor y servidle en verdad con todo vuestro corazón; pues habéis visto cuán grandes cosas ha hecho por vosotros. (1 Samuel 12.24 LBLA)

Temamos a Dios, porque recordemos que ese es el principio de la sabiduría (Proverbios 9.10). Amados, seamos sabios en Cristo, rindamos nuestra voluntad a Él y seamos hijos que obedecen a su Padre, porque la voluntad de Dios es santa y perfecta.


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