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  • Alexis Sazo

Invertir para Cristo



Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento. (Eclesiastés 12:1)

Había una cristiana ya mayor, enferma y muy dependiente. En su juventud fue una profesora de idiomas muy activa y había viajado mucho. Ahora, casi sorda y ciega, vivía en casa de unos parientes.

Su buena actitud, su gozo sereno y su fe viva, siempre reconfortaban a los que iban a visitarla, era un verdadero ejemplo para todos. En vez de estar triste y amargada por todo lo que fue, estaba agradecida por los cuidados que recibía, razón por la cual alababa la bondad de su Señor. Se interesaba de forma especial en la vida de los creyentes y en las familias que iban a verla. Oraba por cada uno de esos creyentes durante sus largos insomnios. Pero lo más importante, es que expresaba su gozo por haber leído mucho la Biblia durante su juventud. Ahora recordaba capítulos enteros y numerosos himnos.

Se podría decir que esta hermana, durante su juventud, había acumulado un buen capital espiritual, y ahora, que dependía totalmente de los demás, disfrutaba de lo que podríamos llamar «intereses espirituales», lo que también beneficiaban a otros. De esto nos habla el versículo de hoy, no solo se dirige a los incrédulos, sino también a los hijos de Dios. Él nos llama a que en el tiempo de la juventud, el cual es especialmente propicio para memorizar textos bíblicos e himnos cristianos, los usemos con sabiduría y tomemos provecho de ellos, los cuales producirán un enriquecimiento interior que durará toda la vida. Hacer esto es una inversión segura tanto en la tierra como en el cielo.

Esta es la razón por la que Dios nos manda en su Palabra diciendo: «Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos… El que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace» (Santiago 1:22-25).

Seamos sabios, mis hermanos, e invirtamos en Cristo, lo cual nos dará abundantes bendiciones en esta vida y también en la siguiente.


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