• Alexis Sazo

Hallarse con las manos vacías



Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mateo 16:26)


Un creyente una vez relató lo siguiente:


«Tenía quince años cuando me puse a jugar al balonmano, y en dieciocho meses formaba parte del equipo nacional junior en Alemania. Hasta mis veinte años, en 1988, no dejé de progresar. Un hermoso porvenir se perfilaba ante mí. Pero todo cambió en 1989, cuando pasé por cuatro intervenciones quirúrgicas y tres más en los años siguientes.


De repente nadie se interesó por mí. ¿Qué valía yo fuera de mis resultados deportivos? ¿Cuál era el sentido de mi vida fuera del deporte? De pronto me di cuenta que todo mi esfuerzo solo me dejó con las manos vacías. Esto me hizo darme cuenta de que debía haber algo fuera del balonmano. Al buscar una respuesta me encontré con que Dios me estaba buscando a mí. Y leyendo la Biblia y orando me volví consciente de una cosa esencial: Dios tenía un propósito mucho más elevado que el mío, el cual no consistía en ser una importante figura del balonmano. Dios no me pedía grandes hazañas, sino que deseaba que le confiara mi vida. Quería llenar mis manos».


¿De qué le habría servido a este joven haber sido un gran deportista si moría? ¿Dónde quedaría toda esa gloria conseguida? La Palabra de Dios nos dice: «Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar» (1 Timoteo 6:7).


A este joven Dios le hizo entender que estaba poniendo toda su fe y su esperanza en algo tan efímero como sus logros deportivos. Pero qué rápido fue olvidado cuando su salud no le permitió seguir adelante. Le pregunto a usted, querido lector: ¿En qué está poniendo su fe? ¿En qué cosas invierte todas sus fuerzas?


El versículo del encabezado es claro, nada conseguiremos si ganamos el mundo, pero partimos de este mundo, porque nada podremos llevar con nosotros. ¿No será más sabio preocuparnos de la eternidad que se abre cuando morimos?


¿Sabe usted a dónde irá una vez que muera? El Señor Jesús dijo que existen solo dos destinos: Cielo o infierno. Así que le pregunto: si usted muriera hoy, ¿a dónde iría? ¿Se hallará con las manos vacías al momento de morir?


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