• Alexis Sazo

Frente a un espejo



Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. (Santiago 1:23–24)


Las redes sociales muestran «lo mejor» de las personas. En ellas las personas muestran la mejor parte, se ven felices, con vidas perfectas, etc. Pero todos sabemos que eso no es cierto, que las redes sociales no son más que un escaparate a la vanidad. Mientras que la Palabra de Dios nos muestra tal cual somos.


Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia. (Hebreos 4:12–13)


Un creyente llamado Thierry G. contó que uno de sus mejores amigos se volvió a Cristo. Un día su amigo lo invitó a una reunión en su iglesia y dijo:


«Cuando el predicador empezó a leer la Biblia y a hablar, tuve la impresión de estar frente a un espejo; un espejo que mostraba no la imagen que yo quería que los demás viesen, sino lo que en verdad era. Todo lo que decía resumía mi vida, mis miedos, mis temores, mis preguntas. Y por primera vez en mi vida me pregunté si Dios existía».


Muchas personas a lo largo de la historia de la humanidad han sentido el poder de Dios en su Palabra, que nos hace ver lo que verdaderamente somos, tal como ver nuestro reflejo en un espejo. La pregunta hermanos es: ¿qué le estamos mostrando al mundo? ¿Ven al Señor Jesús reflejado en nuestras vidas? Porque recordemos que su Palabra nos dice:


Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. (Efesios 5:1)


Quizás, no nos estamos mirando en el espejo de la Palabra de Dios, sino que nos estamos mirando entre nuestros pares. Porque si hacemos esto último, siempre encontraremos a alguien que esté «peor que nosotros». Sin embargo, si miramos al Señor como un espejo, veremos qué diferentes somos de Él. Pues es a Él a quien debemos imitar. Entonces, parémonos frente al espejo del Señor Jesús diariamente y pidámosle a Dios que nos ayude a ser como su perfecto Hijo, Jesucristo.


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