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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Fe de buzón



Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo. (Salmos 55:22)


Siempre que enviamos una carta por correo ejercitamos nuestra confianza. Permítame explicar esto. Cuando uno envía una carta o un paquete a alguien que vive lejos, los cuales son imposibles de que uno mismo los pueda entregar, necesitamos la ayuda del servicio postal. Obviamente, para que ellos puedan hacer su parte, nosotros necesitamos poner nuestra carta o nuestro paquete en un buzón. Si nos quedamos con él, ellos no podrán trabajar. Pero cuando lo hacemos, confiamos que el servicio postal se encargará de lo que hemos enviado hasta que llegue a su destino.


Algo similar pasa con nuestra fe. Siempre que tenemos un problema, nuestra fe es probada. Y cuando reconocemos que nos es imposible resolver la dificultad que tenemos en frente por nosotros mismos, entendemos que debemos dejárselo a Dios. Así como una carta debe escribirse primero, para luego ser enviada, nosotros debemos, primeramente, orar a Dios pidiendo ayuda. Aunque, hasta ese momento, aún estamos aferrados a nuestro problema, si es que no ejercemos plena fe.


Sabemos que la situación no se va a resolver por sí sola, sino hasta que dejemos todo en manos de nuestro Dios. Pero esta es la parte difícil, pues nos cuesta confiar en Él y dejarle la carga en sus manos. Como seres humanos, siempre creemos que podemos hacer las cosas mejor que Dios. De ahí que nos diga su Palabra: «Fíate de Jehová de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia» (Proverbios 3:5).


Sin embargo, una vez que lo hacemos, una vez que confiamos plenamente en Dios, Él se encarga de que el problema se resuelva a su manera. Este es otro punto que nos cuesta, pues pensamos que nuestra manera es la única o la mejor. Y aunque no podamos ver lo que Él está haciendo, debemos confiar en su sabiduría y poder, ya que nuestra fe es «la convicción de lo que no se ve» (Hebreos 11:1).


Y así como tenemos plena certeza de que nuestra carta llegará a su destino, cuando depositamos la fe en Dios, tenemos que creer sin dudar de que su obra ya está hecha.


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