• Alexis Sazo

Estar con Cristo



Y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor. (Filipenses 1:23)


Un cristiano muy debilitado debido a una grave enfermedad que padecía fue a consultar a su médico. Este, sorprendido por la serenidad y confianza de su paciente, pudo escuchar este testimonio bello testimonio de fe:


«Para mí, doctor, en realidad, existen tres posibilidades. La primera es que mi Salvador venga a buscarme: entonces, con todos los demás creyentes, me iré al cielo con mi Señor. La segunda es que Dios me conceda una mejoría y así me deje todavía algún tiempo más en la tierra con mi familia. Y la última posibilidad que considero, sin miedo, es dormirme con Cristo, porque la muerte no me retendrá, sino que estaré con mi amado Jesús».


Como este cristiano lo afirmaba, los creyentes no esperamos la muerte, sino mas bien la venida de su Salvador, tal como dice su Palabra: «y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1 Tesalonicenses 1:10).


La venida del Señor tendrá lugar un día —que se acerca cada vez más— según la promesa que Cristo hizo a los suyos: «Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:3). Esta promesa es para todos los que Él redimió, es decir, todos los que confesaron sus pecados ante Él y recibieron el regalo de su gracia. Aunque todo ser humano tiene que pasar por la muerte, para los cristianos esta no es más que un pasaje que lo llevará a la presencia de su Salvador Jesús; ya que sabe que su lugar está listo en la casa del Padre (Juan 14:2).


Usted que lee este texto, quizás esté pasando por una enfermedad grave y la posibilidad de curarse —desde una perspectiva humana— es mínima. Si aún no ha depositado su fe en el Señor Jesús como su Salvador, entonces escuche la voz eterna que le dice: «Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más» (Isaías 45:22–23).


Este llamado es para todo aquel que reconozca que es pecador y que está necesitado de un salvador. Bien dijo el Señor: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Marcos 2:17).


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