• Alexis Sazo

¿Estamos en el lugar donde Dios quiere que estemos?



Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? (Génesis 3:9)


Lot, sentado a la puerta de Sodoma, se daba cuenta que no podía ser aprobado por Dios. Nos dice su Palabra que «este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos» (2 Pedro 2:8); sin embargo persistía en permanecer en aquel lugar. Y para que saliera de aquel lugar ¡fue necesaria la intervención de dos ángeles enviados por Dios para destruir aquel lugar!


David, perseguido por Saúl, se refugió en Gat, en la tierra de los filisteos, en el reino de Aquis. Y para salvar su vida no halló otro recurso mejor que ¡fingirse loco! (1 Samuel 21:10–15). Y aunque Dios lo libró aquella vez, David se volvió a pasar a este mismo rey (1 Samuel 27:1–4), ¡y casi combate contra su propia nación! (1 Samuel 29:1–11).


Jonás, enviado por Dios a Nínive para predicar el arrepentimiento, no quiso ir, así que desobedeció a Dios y huyó en un barco rumbo a Tarsis. Entonces Dios envió una tempestad y preparó un gran pez para salvar la vida de Jonás, a quienes los marineros habían echado al mar por petición de Jonás mismo tras declararles quién era y qué estaba haciendo (Jonás 1:12–16).


Pedro, calentándose cerca de un fuego encendido por los que se habían apoderado del Señor Jesús, ocultó su identidad asegurando que no conocía al Señor (Juan 18:12–17). Después de su resurrección, el Señor lo interpeló varias veces para llevarlo a hallar el perdón y ser restaurado.


Y la pregunta es: ¿estamos donde Dios quiere que estemos? Hablo de, por ejemplo, nuestro círculo familiar; nuestra actividad profesional; o en nuestro servicio para el Señor. Nuestro Dios, lleno de gracia, no quiere dejarnos en una situación que nos prive de su bendición o en la que le deshonremos. Así que, no le obliguemos a recurrir a procedimientos decisivos y disciplinarios para liberarnos y sacarnos de aquellos lugares en donde no debemos estar. Mas bien digamos como el profeta Jeremías:


Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová; levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos. (Lamentaciones 3:40–41)


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