• Iris P.

¿ESTABAS AHÍ CUANDO CRUCIFICARON A MI SEÑOR?



Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio vuestro a través de Él, tal como vosotros mismos sabéis, a éste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis. (Hechos 2.22–23 LBLA)

Existe un himno en inglés llamado Were You There (When They Crucified My Lord) que en español se traduciría como “¿Estabas allí cuando crucificaron a mi Señor?”. Este es un himno gospel que fue compuesto por un esclavo afroamericano en algún punto del 1800. Fue publicado en 1899 por William Eleazar Barton en un compilado llamado “Old Plantation Hymns” (Himnos de las antiguas plantaciones)

¿Estabas allí cuando crucificaron a mi Señor? (¿Estabas allí?)

¿Estabas allí cuando crucificaron a mi Señor?

¡Oh, a veces me hace temblar! ¡temblar! ¡temblar!

¿Estabas allí cuando crucificaron a mi Señor?

¿Estabas allí cuando lo clavaron en la cruz? (¿Estabas allí?)

¿Estabas allí cuando lo clavaron en la cruz?

¡Oh, a veces me hace temblar! ¡temblar! ¡temblar!

¿Estabas allí cuando lo clavaron en la cruz?

¿Estabas ahí cuando le atravesaron el costado? (¿Estabas allí?)

¿Estabas ahí cuando le atravesaron el costado?

¡Oh, a veces me hace temblar! ¡temblar! ¡temblar!

¿Estabas ahí cuando le atravesaron el costado?

¿Estabas allí cuando el sol se negó a brillar? (¿Estabas allí?)

¿Estabas allí cuando el sol se negó a brillar?

¡Oh, a veces me hace temblar! ¡temblar! ¡temblar!

¿Estabas allí cuando el sol se negó a brillar?

Este himno, aún hoy interpela a cada persona y lo enfrenta al horror del crimen cometido contra nuestro Salvador Jesucristo, el único hombre Justo y Santo (Hechos 3.14) en quien no hubo pecado (1 Pedro 2.22). Él, quien a cada paso manifestaba el amor de Dios, fue crucificado por los hombres.

Pero la pregunta es ¿qué habríamos hecho si hubiésemos estado en ese momento? Quizá pensemos que hubiésemos estado a favor de Cristo, pero la Palabra nos muestra que incluso sus discípulos huyeron (Marcos 14.50). Pedro, quien había asegurado estar dispuesto a estar con Jesús hasta la muerte, le negó tres veces (Lucas 22.33). Todas las clases sociales de entonces fueron responsables: Judas, por codicia, lo entregó a los sacerdotes (Mateo 26.14-16); y estos por envidia lo entregaron a Pilato (Mateo 27.18); la multitud gritó: “¡Crucifícale!”. Pilato, como tenía miedo del pueblo, lo entregó a los soldados romanos para que fuese crucificado, pero nuestro amante Señor Jesús dijo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lucas 23.34 RVR60).

Así que, hermanos, dejemos que esta escena toque nuestro corazón para que reconozcamos nuestro pecado. Seamos conscientes de que aparte de los sufrimientos infligidos por los hombres, Cristo soportó el peso de la ira de Dios contra nuestros pecados y aceptemos su inmenso perdón que nos regala con tanto amor, aún en estos días.


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