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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Esperar



Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido; serán avergonzados los que se rebelan sin causa. (Salmos 25:3)


Esperar no es precisamente nuestro fuerte, ni como seres humanos, ni como creyentes en Cristo. Esperar pacientemente y en silencio es aún más difícil para nosotros. Sin embargo, Dios nos enseña a contar con Él, a confiar en Él en medio de situaciones en las que debemos permanecer quietos y esperar. Lo que siempre se nos olvida que sus tiempos no son los nuestros y que Él cumple sus planes en su propio tiempo, no en el nuestro. Aunque hay excepciones en las que la espera es corta, pero en la Biblia encontramos creyentes que debieron tener mucha paciencia antes de que Dios obrara. Podemos hallar consuelo en los siguientes ejemplos:


Dios prometió una descendencia a Abraham y Sara. Ellos tuvieron que esperar 25 años hasta el nacimiento de Isaac. El problema fue que durante ese período no siempre fueron pacientes ni estuvieron tranquilos. No obstante, Dios los llevó a apartar sus miradas de todas las posibilidades humanas y a dirigirlas únicamente hacia Él, por la fe (Génesis 15 a 21).


Otro ejemplo es Moisés, quien consideraba que a la edad de 40 años tenía las capacidades necesarias para ayudar al pueblo de Israel que era esclavo en Egipto. Pero este no era el pensamiento de Dios. Primero tuvo que ocuparse del ganado de su suegro durante 40 años en el desierto, hasta la edad de 80 años. Solo entonces Dios le confió la misión de librar a su pueblo (Éxodo 2 y 3).


Otro personaje del Antiguo Testamento es Caleb, quien fue uno de los 12 hombres que Moisés envió a explorar el país de Canaán, antes de ir a conquistarlo. A diferencia de los otros 10 espías, Caleb (junto a Josué) descubrió las bellezas del país que Dios les había prometido y se regocijaba pensando que pronto entrarían allí. Pero tuvo que esperar 45 años más para entrar a ese país y recibir la ciudad de Hebrón como herencia. Durante ese tiempo tuvo paciencia y Dios fortaleció su fe (Números 13 y 14; Josué 14).


La pregunta para cada uno es: ¿Sabemos esperar el momento de Dios? ¿O somos de los que nos desesperamos y tomamos las cosas en nuestras manos?


Espera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al Señor. (Salmos 27:14)


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