• Alexis Sazo

Escudriñad las escrituras



Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos (Deuteronomio 4:10)


Hacia el año 600 d.C., Gregorio el grande escribió lo siguiente: «¿Qué es la Escritura, sino una especie de carta del Dios todopoderoso dirigida a sus criaturas? Y seguramente, si usted recibiese cartas de un emperador terrenal, no dejaría pasar el tiempo, no descansaría ni dormiría hasta saber qué escribió el emperador. El emperador del cielo, el Señor de los hombres y de los ángeles, le ha enviado sus epístolas para el bien de su vida; sin embargo [...] usted no las lee diligentemente. ¡Estúdielas, se lo suplico, y medite diariamente las palabras de Dios»


Tristemente, no todos los jefes religiosos han predicado lo mismo, y en ciertas épocas se evitó e incluso se prohibió a los fieles leer la Biblia. Siendo que el Señor Jesús mismo dijo: «Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida» (Juan 5:39–41).


Volviendo a lo que se mencionaba antes: ¿No estaba bien fundada la exhortación milenaria de Gregorio el grande? Porque todo lo que Dios quiso revelarle a sus criaturas se halla en la Biblia, que es la Palabra de Dios. Y las Escrituras eran tan actuales en la edad media como lo son hoy en día. Y aunque a muchos ateos les gustaría que fuera cierto, ninguno de los progresos tecnológicos del ser humano han podido probar que se equivocan, por más que han tratado de ponerla bajo tela de juicio. Los repetidos esfuerzos para destruirla o alterar su autoridad no le impidieron atravesar los siglos y llegar hasta nosotros. Su difusión es cada vez mayor, por ejemplo, la app de Youversion logró alcanzar más de 500 millones de descargas. La Biblia sigue siendo el libro más vendido y ha sido traducida a más de 2.500 lenguas y dialectos.


Así que, no tendremos excusa alguna si nos descuidamos en leerla y oír lo que Dios nos quiere decir.


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