• Alexis Sazo

Episodio #65: ¿Los cristianos debemos celebrar la navidad?




Nota: Esta es la transcripción de un episodio del podcast Edificados en Cristo. Para escuchar el episodio del podcast hacer click aquí.



¡Sean todos muy bienvenidos a un nuevo episodio más en su podcast, Edificados en Cristo! Mi nombre es Alexis. Y el día de hoy, les traigo un episodio titulado: ¿Los cristianos debemos celebrar la navidad? Pero antes, demos paso a la intro y los veo enseguida.


Por estas fechas cercanas a navidad y fin de año, siempre aparecen videos y mensajes respecto a este tema. Y en esta oportunidad quise quedarme fuera. La pregunta que muchos hermanos se hacen es: ¿es bíblico celebrar la navidad? Y así como muchos se lo preguntan, existen muchos que dan diversas respuestas. Por un lado, están los hermanos que son partidarios de esta celebración, los cuales dan sus argumentos para celebrar; y por otro lado, están los que no celebran, quienes también dan sus razones. Pero en este episodio del podcast ahondaremos en lo que nos dicen las escrituras para así concluir en la respuesta correcta. Esto quiere decir que no ahondaré en los orígenes de esta celebración, porque existen un sin fin de mensajes en internet que hablan acerca de ello; y como dije, me centraré únicamente en lo que dicen las escrituras.


Todos los hermanos que celebran estas fiestas lo hacen porque buscan recordar que Cristo nació en el mundo. Mucho se ha hablado de la fecha, que sí es o no es el 25 de diciembre. La verdad es que como no hay un consenso, no tiene sentido abordar el tema si es que no se va a presentar alguna prueba que sea indubitable y 100% verificable. Lo único que sabemos es que Dios no quiso revelarnos en las escrituras cuándo ocurrió el nacimiento del Señor.


Volviendo al tema central, ayer en la mañana me topé con un tweet de un hermano de EEUU, escrito en inglés, claro, que decía lo siguiente: El nacimiento de Cristo significa que Dios estuvo dispuesto a sacrificar a su Hijo por pecadores destinados al infierno. ¡Amén, que así fue! Estoy totalmente de acuerdo con tal afirmación de este hermano; no obstante, ¿es ese un motivo suficiente como para celebrar la navidad? Veamos qué dicen las escrituras. El Señor Jesús hablándole a los fariseos y escribas les dijo lo siguiente:


“Mas en vano me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres.” Dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres. (Marcos 7.7–8 LBLA)


Basados en estas palabras de nuestro Señor, cuando como creyentes celebramos la navidad, dejamos el mandamiento de Dios y nos aferramos a la tradición de los hombres, como dijo el Señor. Alguien se preguntará ¿y qué mandamiento de Dios hemos dejado al celebrar la navidad? El siguiente mandamiento. Escuche:


Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. (1 Corintios 11.23–25 RVR60)


¿Qué dijo el Señor que debíamos hacer para recordarle? ¿Nos dijo que le recordaramos a través de su nacimiento o a través de su sacrificio en la cruz del Calvario? Creo que la Palabra de Dios es bastante clara, así como el mandamiento divino dado por el mismo Señor. Y como decía al principio, muchos hermanos afirman que ellos hacen memoria del Señor a través de su nacimiento en el día 25 de diciembre, pero vuelvo a preguntar, ¿nos mandó a que lo recordaramos a través de su nacimiento o de su muerte? Porque según lo que leí podemos ver que el mandamiento es a recordar su muerte a través de los símbolos del pan y de la copa y no su nacimiento. Ya que, a fin de cuentas, lo importante no es su nacimiento, sino su muerte, porque fue a través de esta que Él compró la Salvación de nuestras almas.


Y siguiendo con esta idea, muchos hermanos afirman que si el Señor no hubiera nacido, no habría habido muerte en la cruz. Pero lamentablemente, esa es una manera muy humana de pensar, pues a eso se le llama antropomorfismo, es decir, que le atribuimos cualidades humanas a Dios; además de limitar en extremo su poder. Ya que Dios muchas veces se manifestó con un cuerpo tangible antes de nacer como un ser humano; permítanme que lea uno de los tantos ejemplos que hay. Dice así la Palabra de Dios:


Después el Señor se le apareció a Abraham en el encinar de Mamre, mientras él estaba sentado a la entrada de su tienda, en el calor del día. Al levantar los ojos vio que allí, junto a él, había tres varones. Al verlos, rápidamente se levantó de la entrada de su tienda para recibirlos. Se postró en tierra, y dijo: «Señor, si en verdad he hallado gracia ante tus ojos, te ruego que no te apartes de este siervo tuyo. Mandaré traer un poco de agua, para que ustedes se laven los pies, y luego podrán descansar debajo de un árbol. Traeré también un bocado de pan, para que recobre fuerzas su corazón, y luego seguirán su camino. ¡Para eso han pasado ustedes cerca de este su siervo!» Y ellos dijeron: «Haz todo tal y como has dicho.» Entonces Abraham fue de prisa a la tienda de Sara, y le dijo: «Toma pronto tres medidas de flor de harina, amásala, y cuece unos panes.» Luego corrió Abraham a donde estaban las vacas y tomó un becerro tierno y bueno, se lo dio al criado, y éste se apresuró a prepararlo. Tomó además mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y poniéndolo ante ellos se quedó a su lado debajo del árbol, mientras ellos comían. (Génesis 18.1–8 RVC)


Acá vemos como Dios tomó forma completamente humana, pues Abraham conversó con Él cara a cara, además les preparó comida y ellos se la comieron, tal como un humano cualquiera que consume sus alimentos. Quienes hablan de que gracias al nacimiento hubo muerte en la cruz, se olvidan de que a Dios no le cuesta nada tomar un cuerpo humano y venir a este mundo. Precisamente en este mismo pasaje de Génesis, luego de anunciar el embarazo de Sara siendo ya vieja, Dios hace la pregunta diciendo: ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? (Génesis 18.14).


Vuelvo a insistir que al Señor Jesús no le costaba nada aparecer ya siendo adulto y hacer todo lo que hizo mientras estuvo en el mundo. Sin embargo, Dios quiso que su venida fuera de la forma que ya conocemos. No obstante, nuestra atención, tal como mandó el Señor Jesús mismo, debe estar centrada en su cuerpo y en su sangre ofrecidos como sacrificio, simbolizados a través de un pan y una copa; porque a fin de cuentas ese fue el objetivo de su venida al mundo, pues bien dicen las escrituras:


Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre. (Juan 12.27–28 RVR60)


Entonces, como vemos, nuestra atención debe estar centrada únicamente en la muerte del Señor y no en su nacimiento. Además, algo muy importante de mencionar, es que cuando Dios en el pasado dio sus leyes y sacrificios, estos debían hacerse de la manera que Dios los comunicó, ya que de otra forma no eran aceptados a sus ojos. Escuche el siguiente ejemplo:


Y vosotros decís: “¿En qué te hemos deshonrado?” En que decís: “La mesa del Señor es despreciable.” Y cuando presentáis un animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Y cuando presentáis el cojo y el enfermo, ¿no es malo? ¿Por qué no lo ofreces a tu gobernador? ¿Se agradaría de ti o te recibiría con benignidad?—dice el Señor de los ejércitos. Ahora pues, ¿no pediréis el favor de Dios, para que se apiade de nosotros? Con tal ofrenda de vuestra parte, ¿os recibirá Él con benignidad?—dice el Señor de los ejércitos. (Malaquías 1.7–9 LBLA)


Cuando leemos en el Antiguo Testamento la manera de cómo debían ser los sacrificios y las ofrendas, Dios fue extremadamente explícito y no dejó lugar a las conjeturas. Por lo tanto, la adoración y obediencia a Dios deben ser hechos de la manera que Él los diseñó, no de la manera que nosotros creemos, pensamos o sentimos que deba hacerse; ya que de otra forma, estas no serán agradables a sus ojos. Por eso, el hacer memoria del Señor no debe ser a través de su nacimiento, sino de su muerte, porque así Él lo dijo, tal como ya hemos visto.


Hay algo que quiero mencionar sobre la navidad que no está directamente conectado con el tema anterior, pero que de todas formas me gustaría aclarar. Supongo que más de alguna vez habrán oído que el mundo, ya sea en sus películas o sus canciones, ha hablado del “espíritu de la navidad”, aludiendo que es el espíritu que “une al mundo”. Pero ¿qué dice la Biblia acerca de esto? Dice dos cosas, la primera es:


Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. (1 Juan 4.1–2 RVR60)


Y lo segundo que dice es:


Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación. (Efesios 4.3–4 RVR60)


Entonces, basados en estos versículos, los creyentes no podemos recibir cualquier espíritu de la nada y aceptarlo sin más; no, puesto que la Palabra de Dios nos manda a probarlos para saber si estos son o no de Dios. Y lo segundo es que el único Espíritu que nos une como seres humanos es el Espíritu Santo, no existe otro que haga tal labor. Ya que una vez que recibimos la Salvación, consumada en las cruz por nuestro Señor, el Espíritu Santo viene a morar dentro nuestro y es Él el que quita todas las diferencias en nosotros como seres humanos, pues todos los salvados pasamos a tener la misma condición. Ya no existe diferencia si somos ricos o pobres, profesionales o indoctos, o que si somos de esta o aquella nacionalidad. Todas aquellas cosas que el mundo usa para hacer diferencias entre las personas, dejan de existir en presencia del Espíritu Santo; ya que en Cristo todos somos hechos iguales y el Espíritu Santo es quien nos lo confirma.


Ahora, para continuar, me gustaría volver a leer el versículo de Marcos. Dice así la Palabra de Dios:


“Mas en vano me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres.” Dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres. (Marcos 7.7–8 LBLA)


Quise leer nuevamente este versículo, porque en la última parte el Señor dijo algo interesante: “os aferráis a la tradición de los hombres.” Veíamos que el mandamiento de Dios fue con relación a su muerte y no al nacimiento. Ahora, esta tradición de la navidad, ¿quiénes la siguen? ¿No son las personas del mundo? Las que por cierto, ni siquiera recuerdan al Señor en estos días, sino que se centran en aquel personaje de barba blanca que reparte regalos a los niños y en los regalos en sí, así como en la comida para la cena de navidad. Pero ¿qué dice la Palabra de Dios acerca de esto?


No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta. (Romanos 12.2 NTV)


Mis hermanos, les pregunto, en aquel pesebre donde nació el Señor Jesús ¿había un pino adornado? No, sino que había animales de granja. ¿Hubo regalos en el momento del nacimiento? No, porque los llevaron los magos, que venían guiados por la estrella que habían visto en oriente (Mateo 2.2); además, le trajeron regalos al Señor mucho después de su nacimiento, pues las escrituras nos dicen que estaban en una casa con el niño, no en un pesebre, conforme a lo que leemos en Mateo 2.10-11 donde dice: Cuando vieron la estrella, se regocijaron sobremanera con gran alegría. Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose le adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra.


Además, estos presentes que le trajeron al Señor, fueron para adorarlo como rey, no fue un intercambio de regalos entre las personas como se hace hoy en día.


¿Hubo alguna conmemoración especial por parte de los hombres cuando nació el Señor? No, no hubo ninguna, porque los gobernantes ni siquiera sabían que había nacido. Escuche:


Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. (Mateo 2.1–4 RVR60)


Los únicos que se enteraron al momento de nacer el Señor fueron los pastores a los que se les apareció el coro celestial (Lucas 2.8-20). Otra pregunta: ¿Se pusieron adornos en aquel pesebre porque había nacido Jesús? La verdad es que ninguno.


En conclusión, ¿hay alguna razón bíblica para que los creyentes celebremos la navidad? La verdad es que no hay ninguna; entonces, ¿deberíamos celebrarla si Dios nos mandó a recordarlo de otra forma? La respuesta sería un gran no.


Mis hermanos, frente a la pregunta de si debemos celebrar o no, la manera más sencilla de saber cuando algo es o no de Dios, mire al mundo, si ellos lo celebran y se emocionan, claramente no es de Dios, porque bien dice su Palabra:


No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece porque cuando aman al mundo, no tienen el amor del Padre en ustedes. Pues el mundo sólo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo. (1 Juan 2.15–16 NTV)


Antes de terminar, quiero hacer una aclaración, porque en general, los cristianos tendemos a ser extremistas y caemos fácilmente en los engaños del maligno cuando tratamos de evitar el mal y el mundo en nuestras vidas. Por eso, mis hermanos, esta verdad bíblica no es una imposición de mi parte para que usted se aleje de todos sus seres queridos y familiares en estas fechas; cada uno de nosotros tome la decisión delante de Dios de cómo va a proceder, porque bien dicen las escrituras:


Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. (1 Corintios 10:23–24 RVR60)


Si bien Dios nos da sus mandamientos para que los obedezcamos, no por eso nos pone una pistola en la cabeza obligándonos a hacerlos, sino que desea que nuestra obediencia a Él sea voluntaria y por amor, no a la fuerza. Del mismo modo, si usted sabe que la celebración de la navidad no es algo bíblico, no por eso se tiene que ir a aislar a una cueva en estas fechas. No, si usted quiere compartir con sus familiares y amigos inconversos, no es algo malo, porque eso depende de usted. Además, puede ser una buena oportunidad para hablarles de Dios a través del nacimiento del Señor Jesús; porque recordemos el ejemplo que nos dejó Él:


Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle; y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este recibe a los pecadores y come con ellos. (Lucas 15.1–2 LBLA)


Nuestro Señor se reunía con las personas despreciadas del mundo, con los “peores” pecadores, pero Él siempre fue la luz que los guiaba hacia Dios. De la misma manera nosotros debemos ser luz y sal en medio del mundo, tal como nos dijo el Señor en Mateo 5.13-16.


Así que, mis hermanos, seamos cautos en cuanto a nuestra reacción para con los inconversos en estas fechas. Debemos ser tolerantes con ellos, porque ellos no son creyentes y lo ideal es que aprovechemos para hablarles del Señor. Pero, ahora conoce que el mandamiento de Dios es que nosotros debemos recordar la muerte; en otras palabras, no estamos llamados a celebrar por nuestra cuenta y en nuestros hogares la famosa navidad.


Que el Señor les bendiga.



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