• Alexis Sazo

Episodio #60: ¿Estamos dispuestos a sufrir e incluso a morir por Cristo?



Nota: Esta es la transcripción de un episodio del podcast Edificados en Cristo. Para escuchar el episodio del podcast hacer click aquí.


¡Sean todos muy bienvenidos a un nuevo episodio más de su podcast, Edificados en Cristo! Mi nombre es Alexis. Y el día de hoy, les traigo un episodio titulado: ¿Estamos dispuestos a sufrir e incluso a morir por Cristo?. Pero antes, demos paso a la intro y los veo enseguida.


Primeramente, quiero disculparme por no haber subido un episodio la semana pasada, pero ocurrieron algunas cosas que me afectaron muy fuerte en lo espiritual y tuve que tomarme un tiempo para que Dios consolara mi corazón. Lo segundo, es que originalmente tenía pensado seguir con la serie del mal ejemplo de Israel, pero debido a ciertas cosas que han estado ocurriendo a nivel mundial, el Espíritu Santo me hizo entender que debía hablar sobre este otro tema esta semana. Así que, comencemos.


Con cada día que pasa, vemos como el mal está literalmente devorando a las personas de todo el mundo. No solo me refiero al pecado en sí que aumenta desenfrenadamente, sino también al descontento generalizado a nivel mundial, que básicamente es una oposición abierta en contra de las autoridades impuestas por Dios y que en otras palabras es una oposición directa a Dios. Cada día se nos muestra en las noticias de personas protestando en las calles contra sus respectivos gobiernos en diferentes puntos del planeta, y en muchos de ellos, causando destrozos contra la propiedad tanto pública como privada. Pero además de esto, esta clase de movimientos están comenzando a irse en contra del cristianismo en general; ya que existe una animosidad contra el cristianismo que se está propagando como el fuego entre maleza seca. Por citar un ejemplo local, hace no muchos días atrás, en Santiago (la capital de Chile), quemaron unas iglesias católicas, siguiendo la frase de Piotr Kropotkin, quien dijo: La única iglesia que ilumina es la que arde. Bueno, en una de estas iglesias que quemaron, escribieron la consigna: “Muerte al nazareno”, que podríamos decir que es una versión moderna del ¡Crucifícale, crucifícale! que gritaron los judíos de Jerusalén. Estas palabras me recordaron lo que dijo el Señor Jesús cuando sus discípulos le preguntaron acerca del fin de los tiempos. Escuche:


Pero seréis entregados aun por padres, hermanos, parientes y amigos; y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. (Lucas 21.16–17 LBLA)

El ser humano de estos días está queriendo desligarse de Dios y creen que lo lograrán a través de la destrucción de iglesias y la persecución de los creyentes. Por eso las escrituras dicen:


¿Por qué se enojan tanto las naciones? ¿Por qué pierden el tiempo haciendo planes inútiles? Los reyes de la tierra se preparan para la batalla, los gobernantes conspiran juntos en contra del Señor y en contra de su ungido. «¡Rompamos las cadenas! —gritan—, ¡y liberémonos de ser esclavos de Dios!». Pero el que gobierna en el cielo se ríe; el Señor se burla de ellos. (Salmos 2.1–4 NTV)

Como cristianos, hemos vivido bastantes décadas sin que se nos odie en el mundo (hablo en general); esta ha sido nuestra realidad por lo menos en los países occidentales; ya que es una historia completamente distinta lo que pasa en los países musulmanes de medio oriente y en países con regímenes comunistas. A decir verdad, los cristianos hemos vivido en paz por mucho tiempo, pues en muchos gobiernos se nos aseguró por ley la llamada libertad de culto. No obstante, esto no era así antes, ya que a través de la historia de la iglesia, luego de que el Señor Jesús muriera, resucitara y ascendiera a los cielos, nuestros hermanos han sido perseguidos o han padecido por el nombre de Cristo, tal como Él mismo lo anunció. En este aspecto, Pablo le dice a los tesalonicenses:

Tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis. (2 Tesalonicenses 1.4 RVR60)

Y es más, le dijo a Timoteo lo siguiente:


Es cierto, y todo el que quiera vivir una vida de sumisión a Dios en Cristo Jesús sufrirá persecución. (2 Timoteo 3.12 NTV)

Mis amados, déjenme que les cuente algunos ejemplos de las persecuciones que han estado comenzando a afectarnos como cristianos a nivel mundial. Hace unos años atrás en Alemania comenzaron a enjuiciar y encarcelar a pastores y ancianos por predicar en contra del movimiento LGBT+, porque enseñaban lo que a Dios le agrada; y el gobierno alemán puso restricciones a los mensajes en los púlpitos y muchos obedecieron, mientras que aquellos que fueron valientes y fieles a su Señor siguieron predicando sin quitar nada de la Biblia y, por tanto, padecieron por Cristo el ser encarcelados. Otro ejemplo; durante el año pasado la persecución de nuestros hermanos en China se acrecentó con fuerza, a tal punto que muchos pastores y hermanos fueron encarcelados, torturados y asesinados debido al nombre de Cristo; y cientos de iglesias fueron demolidas. Pero dejamos de escuchar acerca de estas noticias, porque el famoso virus ocupa las portadas en todos los medios de comunicación a nivel mundial. Hace no mucho tiempo se difundían las noticias sobre las quemas de muchas iglesias en India a través de las RRSS; así como la persecución de nuestros hermanos en dicho país. Y qué hablar de las ejecuciones de nuestros hermanos en los países musulmanes del norte de África el año pasado, en las que llegaron incluso a quemarlos vivos. Ahora, sin ir más lejos, hay pastores en México y en Colombia que han sido asesinados por los carteles de drogas y varios otros que han tenido que escapar y esconderse para no ser asesinados por estos hombres.


Mis amados, les pregunto: ¿En serio somos tan ingenuos que pensamos que estas cosas no van a llegar jamás hasta donde estamos? Escuche lo que dijo el Señor que debíamos hacer en estos días finales:


Estad alerta, no sea que vuestro corazón se cargue con disipación y embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel día venga súbitamente sobre vosotros como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Mas velad en todo tiempo, orando para que tengáis fuerza para escapar de todas estas cosas que están por suceder, y podáis estar en pie delante del Hijo del Hombre. (Lucas 21.34–36 LBLA)

¿Pero qué hacemos los cristianos de hoy en día? En vez de obedecer el mandato de Dios de estar alertas y orar para tener la fuerza de escapar, nos sumamos a las quejas y protestas de los inconversos esperando a que las autoridades de los gobiernos de nuestros países actúen de tal forma que nos permitan vivir en paz y felices con el respeto de nuestra libertad de culto para que se nos permita predicar libremente.


Hace no mucho vi un video de una protesta de cristianos acá en Chile, donde un hermano, dijo: “Soy un cristiano evangélico y hoy hablo de política, porque mañana quiero seguir hablando de Jesucristo”. Palabras, que como él mismo dijo, eran palabras de un hermano de Brasil. Ahora, yo me pregunto ¿en qué parte de la Biblia nuestros hermanos hicieron algo así? ¿Acaso no dijeron los apóstoles a los religiosos de la época: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 5.29)? En otras palabras, si esta clase de hermanos son forzados por el gobierno de sus países a no predicar, porque es ofensivo o qué sé yo ¿lo van a dejar de hacer? Es decir, que si los amenazan a ellos y a sus familias que si es que predican los torturarán y matarán ¿lo van a dejar de hacer porque se los manda el gobierno?


Es que yo me pregunto ¿en qué parte de la Biblia vieron un ejemplo así? Me refiero a cristianos esperando que los gobernantes de este mundo les permitan predicar tranquilamente. Porque, por ejemplo, al Señor no lo detuvieron las amenazas de los fariseos cuando le dijeron:


Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra. (Lucas 13.31–32 RVR60)

Las amenazas tampoco detuvieron a los apóstoles. Escuche:


Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó, diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. (Hechos 5.27–29 RVR60)

¿O es que acaso se levantaron a protestar los apóstoles cuando empezó la persecución en Jerusalén (Hch 8.1)? ¿Fue Pablo a reclamar contra las autoridades romanas cuando fue perseguido en todos los lugares donde predicaba, siendo él ciudadano romano de nacimiento con todos los derechos que dicha ciudadanía le confería? ¿Acaso incitó a protestar a los hermanos de Tesalónica, Listra, Iconio, Éfeso, etc. cuando estos eran perseguidos y padecían por Cristo? ¡En lo absoluto, mis hermanos! Jamás ha sido la vía usada por los creyentes de antaño, me refiero a esperar a que los gobiernos aboguen por estos temas; es más, obrar de esta manera significa que nos hemos conformado al mundo, es decir, que estamos imitando al mundo en su manera de actuar, siendo que explícitamente se nos manda a no hacer tal cosa (Ro 12.2). Además, no podemos olvidar lo que el Señor Jesús nos dijo:


Si el mundo los odia, recuerden que a mí me odió primero. Si pertenecieran al mundo, el mundo los amaría como a uno de los suyos, pero ustedes ya no forman parte del mundo. Yo los elegí para que salieran del mundo, por eso el mundo los odia. (Juan 15.18–19 NTV)

Es que, mis hermanos, son los inconversos los que confían en sus gobernantes para que les solucionen sus problemas. Mientras que los creyentes debemos echar toda nuestra ansiedad sobre Dios (1 P 5.7) y no en los hombres. Porque lo que Dios nos dice en su Palabra es muy claro en este aspecto. Dice así:


«Malditos son los que ponen su confianza en simples seres humanos, que se apoyan en la fuerza humana y apartan el corazón del Señor. Son como los arbustos raquíticos del desierto, sin esperanza para el futuro. Vivirán en lugares desolados, en tierra despoblada y salada.» Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza. Son como árboles plantados junto a la ribera de un río con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes y nunca dejan de producir fruto. (Jeremías 17.5–8 NTV)

Además, una generación estará conforme con el gobernante elegido, pero la generación que viene después, no; así lo dicen las escrituras. Escuche:


Vi a todos los que viven debajo del sol caminando con el muchacho sucesor, que estará en lugar de aquél. No tenía fin la muchedumbre del pueblo que le seguía; sin embargo, los que vengan después tampoco estarán contentos de él. Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu. (Eclesiastés 4.15–16 RVR60)

Nuestra fe y confianza deben estar únicamente despositadas en Dios y no en los hombres que Él ha puesto como gobernantes en este mundo. Aunque es cierto que la Palabra de Dios nos llama a respetar a las autoridades, obedeciéndolas, no porque sí, sino por obediencia a Dios (Ro. 13.1-2) y a orar por ellos para que vivamos en paz (1 Ti. 2.2); no obstante, si las autoridades mandan algo que es contrario a la Palabra de Dios, en perjuicio de la predicación del evangelio mismo, nuestro deber como creyentes no es salir a protestar a las calles o hacer campañas en las RRSS para que se apruebe o se rechace la ley tal o cual, sino que es, primeramente, orar por los que están en puestos de autoridad, pues así lo mandó Dios; y en segundo lugar, siguiendo el ejemplo de los apóstoles, es decir, desobedeciendo a la autoridad. Porque nada nos puede detener -o siquiera amedrentar- en cuanto a la predicación del evangelio de Dios. Ojo, hago una aclaración acá, para que no se vayan a tergiversar mis palabras, porque yo no estoy llamando a la rebeldía y a la “anarquía” sin motivos, sino que es única y exclusivamente cuando los gobernantes del mundo quieran prohibir parcial o totalmente la predicación del evangelio, y no me refiero solo desde un púlpito, sino por cualquier medio en el que se pueda predicar. En este caso, tenemos todo el derecho (y la responsabilidad) de desobedecer a las autoridades; sin importar cuál o cuáles sean los costos.


Vuelvo a decir que nuestros hermanos a lo largo de la historia de la iglesia han sido perseguidos, y nosotros como iglesia actual, somos la única excepción a la regla; pero esto está próximo a cambiar. Sin embargo, sé muy bien que hay muchos hermanos que, por ignorancia a las escrituras, dicen que Dios no va a permitir esas cosas, porque Él es bueno, pues dicen frases como: “es que cómo Dios nos va a dejar padecernos cosas tan atroces”; pero les invito a meditar en el siguiente versículo; escuche:


Estimada a los ojos del Señor es la muerte de sus santos. (Salmos 116.15 LBLA)

Lo vuelvo a leer: Estimada a los ojos del Señor es la muerte de sus santos.


Estoy seguro de que muchos hermanos jamás habían oído este versículo en sus vidas. Y me refiero especialmente a aquellos que creen que Dios es bueno y que no permite que sus hijos pasen por aflicciones, ni mucho menos que mueran por causa de Él y de su evangelio. Es que pensar de esa manera es, primeramente, un pensamiento de tipo satánico, porque va en contra de como Dios es y actúa. Y en segundo lugar significa desconocer las escrituras completamente, porque partiendo por el Señor Jesús, quien murió de la manera más atroz con el fin de darnos la Salvación de nuestras almas, pasando por los todos profetas, apóstoles y los millones de mártires en la historia de la iglesia; todos han padecido por el nombre de Dios. Así que, vuelvo a repetir que desconocemos mucho las escrituras, porque fue el mismo Señor Jesús quien nos dijo:


Y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí. Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. (Juan 16.2b–4 RVR60)

Mis hermanos, con mucho amor les digo esto, no crean de buenas a primera todo lo que se les dice, confirmen con las escrituras las cosas que escuchan en sus iglesias locales o en mensajes en internet. Porque miren, el mismo apóstol Pablo le dijo lo siguiente a los hermanos de las iglesias locales de Listra, Iconio y Antioquía; escuche:


Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. (Hechos 14.22 RVR60)

Ahora, la pregunta más importante que como creyentes de los últimos días debemos hacernos es: ¿estamos verdaderamente dispuestos a padecer por Cristo? Y más aún ¿estamos dispuestos a morir por el nombre del Señor Jesús? Porque qué pasaría si el día de mañana nos dicen: ¡Reniega de tu fe o te vas preso! O ¡reniega de tu Dios o te torturaremos a ti y a tu familia e hijos! O ¡Niega a tu Dios o te matamos! ¿Cuál sería su respuesta?


Estas son preguntas que cada uno de nosotros debemos contestar delante de la presencia de Dios con toda honestidad. Pero también sé que la gran mayoría de los hermanos creen que el Señor Jesús vendrá a buscar a la iglesia antes de que todas estas cosas pasen. No obstante, a todos mis hermanos les digo con muchísimo amor en Cristo: ¡Abran sus ojos, porque ya nos están persiguiendo y matando! ¡Y cada vez lo están haciendo más y más! Porque, en serio, ¿qué les hace pensar que jamás pasaremos por algo así? Es que si Dios no libró ni a su propio Hijo de los padecimientos ¿por qué habría que hacerlo con nosotros? Mis hermanos, Dios ha permitido a lo largo de la historia que sus siervos padezcan y mueran debido a su nombre. Escuche:


Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. (Hebreos 11.36–38 RVR60)

Mis amados hermanos, les digo que estas cosas pasarán más pronto de lo que imaginamos; y cada uno de nosotros tendrá que contestar esas preguntas sobre renegar de Dios. Pero antes de terminar les dejo un recordatorio de las palabras dichas por el Señor Jesús:


Todo aquel que me reconozca en público aquí en la tierra también lo reconoceré delante de mi Padre en el cielo; pero al que me niegue aquí en la tierra también yo lo negaré delante de mi Padre en el cielo. (Mateo 10.32–33 NTV)

Que el Señor les bendiga.



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Episodio #60 ¿Estamos dispuestos a sufri
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