• Alexis Sazo

Episodio #42: Los cristianos y la política



Nota: Esta es la transcripción de un episodio del podcast Edificados en Cristo. Para escuchar el episodio del podcast hacer click aquí.


¡Sean todos muy bienvenidos a un nuevo episodio más en su podcast Edificados en Cristo! Mi nombre es Alexis. Y el día de hoy les traigo un episodio titulado: Los cristianos y la política. Pero antes, demos paso a la intro y los veo enseguida.


Algo que periódicamente veo en las redes sociales, especialmente en Twitter y Facebook, es a creyentes con discursos políticos, mayoritariamente en contra del gobierno de su país u oponiéndose a la corriente política que es contraria a la que está gobernando actualmente en su país, que habitualmente le llaman “la oposición”; o, en algunos casos, al gobierno o al presidente de los Estados Unidos.


No sé si ustedes alguna vez se han planteado qué dice la Biblia acerca de estos temas; si es que nos provee de alguna directriz. La verdad que sí nos las da y como cristianos deberíamos seguir fielmente lo que Dios nos dice, pues él es infinitamente más sabio de lo que nosotros podríamos llegar a ser alguna vez. Entonces, lo primero en lo que me gustaría que nos centramos es en nuestra nueva naturaleza.


Todos aquellos que hemos sido regenerados por la cruz de nuestro Señor Jesús hemos sido adoptados como hijos de Dios (Romanos 8.15) y no solo hemos recibido esta nueva naturaleza, sino que además hemos recibido una nueva ciudadanía. Dice su Palabra:


Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. (Filipenses 3.20)

Esto significa que ya no pertenecemos a este mundo, ni a su sistema mundano, ni mucho menos al sistema político del mismo. En otras palabras -y específicamente en este tema que estoy exponiendo- podríamos decir que hemos recibido una nueva “nacionalidad”, ya que tenemos este “pasaporte” entregado por el Señor, el cual nos permite entrar al Cielo como ciudadanos del mismo. Esto quiere decir que cuando nacimos de nuevo en Cristo, dejamos de ser lo que éramos, porque como dice su palabra: las cosas viejas pasaron y he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5.17), así que ya no somos más, por ejemplo, peruanos, argentinos, españoles, cubanos, mexicanos, hondureños, etc. lo que ahora somos es ciudadanos del cielo. Por lo tanto, ya no deberíamos considerarnos como arraigados a tal o cual país, sino que debemos vernos como Dios nos ve, es decir, como pertenecientes a su reino espiritual y no a los reinos de este mundo.


Probablemente alguno pensará que estoy siendo extremista, porque cómo vamos a dejar de amar a nuestra patria, la tierra que nos vio nacer, etc. Bueno, la Biblia nos habla acerca de esto. Y quiero tocar tres temas:


  1. Todo este sistema mundial es dirigido por el maligno.

  2. En quién debemos poner nuestra confianza.

  3. Recordar que esta vida es pasajera, por lo cual no debemos arraigarnos a lo material y además, su Palabra nos muestra cuál es nuestro objetivo primario como creyentes.


Veamos el primer punto. Dice así la palabra de Dios:


Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna. (1 Juan 5.19‭-‬20)

Ahora, no se confunda, que este no es un llamado a la anarquía. Pues aunque, vivimos en este planeta y ya no somos parte del mismo, en otras palabras, no debemos vivir deseando lo que este nos ofrece, sino mirando a la tierra prometida que está en los cielos. Sin embargo, sí debemos respetar tanto a las autoridades, así como sujetarnos a las mismas y a las leyes del país en donde moramos, siempre y cuando que estas leyes no vayan en contra de las leyes de Dios, porque en ese caso se aplica lo dicho por los apóstoles frente a los religiosos judíos cuando dijeron:


Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. (Hechos 5.29)

Entonces, como decía, este mundo y su sistema político son regidos por el maligno. Y sin ir más lejos, en este período de pandemia hemos visto como las autoridades están sido cómplices de los satanistas de alto grado que controlan el mundo desde las sombras para lograr la unificación mundial; preparando así la antesala para la llegada del Anticristo. Ya que para que eso ocurra, el mundo deberá estar bajo tal caos que la gente pedirá a gritos un gobernante mundial que rija sobre todos los gobiernos regionales y restablezca “la paz y el orden.”


Por lo tanto, ya sean los partidos políticos de derecha, de centro o de izquierda, todos trabajan para el diablo, para así conseguir su tan anhelado objetivo de imponer el reinado de su hijo, es decir, de la bestia.


Es por esto que ningún creyente debe inmiscuirse en la política, porque además de todo esto que he dicho, está el ejemplo máximo de nuestro Señor, quien jamás se mezcló con los grupos políticos; nunca habló, por ejemplo, con los zelotes, que eran grupo extremista-político que buscaba derrocar, o más bien, liberar a Israel del yugo de Roma.


Es más, el Señor Jesús nunca habló en contra del gobierno de la época o de sus gobernantes, ni tampoco hizo algún tipo de proselitismo político llamando a derrocarlos, sino que cuando compareció ante Pilato dijo:


Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. (Juan 18.36)

Puede que alguien piense o diga ¿ok, pero y cómo el Señor trató de zorra a Herodes en Lucas 13.32? Sí, efectivamente él dijo eso; sin embargo, hay que mirar el contexto en el cual lo dijo. Cuando leemos el capítulo, encontramos rápidamente el contexto y el porqué el Señor dijo lo que dijo. Dice así la Palabra de Dios:


Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. (Lucas 13.31)

El Señor estaba en Jerusalén, a pocos días de ser crucificado, por tanto, no había terminado su obra. Es por eso que el Señor da esta respuesta tan dura, porque él tenía que obedecer a su Padre y nada ni nadie se iba a interponer en ello, ni siquiera un gobernante romano, por eso es que le respondió así:


Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra. (Lucas 13.32)

Así que mis hermanos, ni usted ni yo podemos usar este pasaje como excusa para proferir palabras en contra de tal o cual autoridad en el país donde vivimos o de algún político del extranjero, porque eso sería descontextualizar un pasaje de las escrituras para justificar nuestras acciones, que se conoce como hacer eiségesis. Además, tampoco podemos hablar mal de los gobernantes porque las autoridades han sido instituidas por Dios, no podemos oponernos a ellos debido a los que dice su Palabra. Escuche:


Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. (Romanos 13.1‭-‬2)

De igual modo, en cuanto a la obediencia y el respeto, la Biblia es bien clara en cuanto a lo que nosotros debemos hacer con las autoridades puestas por Dios. Dice su Palabra:


Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. (1 Timoteo 2.1‭-‬2)

Así que mis hermanos, si alguno de nosotros está a favor o contra de las autoridades del país donde vive, debemos dejar eso de lado, porque a usted y a mí lo que nos manda Dios es a pedir por ellos de manera positiva, es decir, con bendiciones que salgan de nuestras bocas, porque los creyentes debemos bendecir incluso a aquellos que nos hacen el mal. Dice su Palabra:


Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. (Mateo 5.44‭-‬45)

Ahora, si usted es de los piensa ¿por qué Dios puso a semejante personaje a dirigir tal o cual país? Bueno, la palabra de Dios es clara también en esto. Dice así:


Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. (Daniel 2:21)

Y a nosotros no nos corresponde pedirle explicaciones a Dios de porqué hace tal o cual cosa, pues bien dice su Palabra:


Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad. (Hechos 1.7)

Porque ninguno de nosotros puede saber o siquiera llegar a conocer un poquito de los pensamientos de Dios, porque están totalmente fuera de nuestro alcance, bien dice la Biblia:


Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. (Isaías 55.8‭-‬9)

Así que mis amados, aprendamos a ocupar el lugar que nos corresponde como criaturas, porque la Palabra de Dios es muy clara y enfática al respecto cuando dice:


Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: Por qué me has hecho así? (Romanos 9.20)

Bueno, sigamos adelante y veamos el punto dos: En quién debemos poner nuestra confianza.


La versión de la Biblia NTV dice:


Esto dice el Señor: “Malditos son los que ponen su confianza en simples seres humanos, que se apoyan en la fuerza humana y apartan el corazón del Señor. (Jeremías 17.5)

Los que ya tenemos cierta edad viviendo sobre este mundo, sabemos de sobra que confiar en los seres humanos, no siempre es la mejor opción, porque somos seres falibles con deseos egoístas y corazones perversos. Del mismo modo, sabemos que si existen personas corruptas en el mundo, esos son los políticos; por lo cual, no podemos, bajo ninguna circunstancia, poner nuestras esperanzas en hombres y mujeres de tales características. Porque a los ojos de Dios, tal como dice el versículo de Jeremías, es caer en una maldición, porque no ponemos la confianza en él.


Y es más, en la Palabra de Dios encontramos que confiar en él es un mandato. Dice así:


Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos. (Isaías 26.4)

Y no solo eso, sino que confiar en el Señor es una bendición. Escuche:


Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él. (Isaías 30.18)

Igualmente, la mayoría de estos hombres y mujeres son personas inconversas, con deseos mundanos y egoístas. Por esa razón es que debemos evitar poner nuestra confianza en ellos.


Ahora veamos el punto tres. Dice su Palabra:


Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos. (Salmos 90.10)

Todos los seres humanos sabemos que viviremos un cierto tiempo limitado sobre este mundo, porque así lo dictaminó Dios; como lo leemos en Génesis 6.3 cuando él dice que podríamos vivir solo un máximo de 120 años sobre la tierra. Y como antes mencioné, no podemos aferrarnos a lo que este mundo nos ofrece, porque bien nos dice el Señor: Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia (Mateo 6.33).


Y, precisamente, en el episodio de la semana pasada hablaba de este tema, de poner la mira en las cosas de arriba y no en las de la tierra (Colosenses 3.2). Porque hermanos, seamos honestos, los políticos (en general) jamás han arreglado nada, tal como mencionaba hace poco en el punto dos.


Y si esperamos a que el gobierno de turno mejore nuestra situación económica-social, estamos desperdiciando tanto nuestro tiempo, como nuestras energías, porque bien dice la Palabra de Dios:


Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.(1 Timoteo 6.7–8)

Sé que hay muchos hermanos que se preocupan por los pobres, no solo los de sus países, sino por personas en otros países también. Sin embargo, el Señor dijo: a los pobres siempre los tendréis con vosotros (esto lo podemos encontrar en Mateo 26.11 y Juan 12.8). ¿Por qué lo menciono? Porque los políticos siempre apuntan sus campañas en esa dirección. Tratando de mover o generar sensibilidades en la gente para que se preocupen de los más desvalidos y así ganar la campaña, obviamente.


Aunque, por otro lado, es cierto que en Proverbios Dios dice que aquellos que piensan en los pobres son bienaventurados (Pr. 14.21), asimismo, oprimirlos es una afrenta contra Dios (Pr. 14.31) y que Dios devuelve el bien que uno hace al pobre (Pr. 19.17). No obstante, nuestra misión principal como creyentes, no es cuidar de los pobres, sino que es predicarle el evangelio a toda criatura. Nuestro objetivo de vida como creyentes no son las obras sociales, sino la predicación del evangelio y la edificación mutua entre los creyentes (Romanos 14.19). Porque el mandato que recibimos directamente de nuestro Señor fue:


Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. (Marcos 16.15)

El Señor no nos dijo: “Id por todo el mundo haciendo bienes y obras sociales”. No, nosotros debemos preocuparnos de ser obreros que trabajen en la mies, de ser evangelizadores, emisarios del reino de los cielos, anunciando que este se ha acercado. Porque es nuestro deber proclamar las misericordias de Dios para los perdidos de este mundo. Recordemos que antes de ascender a los cielos el Señor Jesús dijo:


Y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. (Hechos 1.8)

Ese es el principal objetivo de todo creyente, llevar almas a los pies de la cruz de Cristo, no mezclarnos y meternos en un tema político-social, donde nos preocupamos o donde nuestro objetivo principal son los pobres o los más necesitados. Ojo que no estoy diciendo que nos olvidemos de ayudar a los necesitados, no, porque la Palabra de Dios dice:


Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios. (Hebreos 13.16)

Pero además, Dios también nos aclara quienes son o quienes deben ser nuestros receptores primarios de esta ayuda mutua. Dice así la Palabra:


Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. (Gálatas 6.10)

Entonces, para concluir, hemos visto que no ya no somos parte de este mundo, es más debemos vivir como extranjeros y peregrinos para la carne tal como nos dice el apóstol Pedro en su primera carta, en el capítulo 2, verso 11. También vimos que no debemos hablar mal de nuestras autoridades, ni tampoco atacarlas, sino que debemos pedir por ellas para que Dios les bendiga y les guíe a caminar por caminos agradables a Dios. Tampoco debemos poner nuestra confianza en los seres humanos, porque eso es una maldición, sino que toda nuestra confianza debe estar únicamente puesta en el Señor, lo cual es una bendición. Y por último, no debemos nunca olvidar que nuestro objetivo primario como creyentes es ir y predicar el evangelio. Además, recordar que solo estamos de paso por este mundo y el bien que debemos hacer a otros, debe tener la prioridad de ser dirigido a nuestros hermanos en la fe.


Que el Señor les bendiga.


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