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  • Foto del escritorAlexis Sazo

El silencio de Sinaí



Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración. (Romanos 12:12)


¡Cuán triste es la historia que ocurrió en el monte Sinaí! (Éxodo 32). Moisés había subido a ese monte para recibir las Palabras de Dios. Aarón, su hermano, estaba con el pueblo en la llanura, esperando su regreso. Cuarenta días de espera, sin noticias de Moisés, solo silencio, fue demasiado largo para ellos. Por eso Aarón hizo un becerro de oro, a la imagen de los dioses egipcios. Y proclamó que ese becerro de oro era su dios. ¡Hagamos fiesta!, propuso Aarón. Y mientras se divertían, Moisés descendió con las tablas de la Ley. En vez de esperar la respuesta que Dios iba a dar por medio de Moisés acerca de sus reglas de conducta, se volvió a la idolatría de Egipto.


¿Qué lección podemos sacar de esto, hermanos? Si en un periodo de prueba y de silencio por parte de Dios yo busco la liberación según mis esquemas de pensamiento, en vez de esperar el socorro de Dios, no conoceré sus respuestas, porque estas llegan a través de la lectura paciente de su Palabra y en la oración. Entonces corro el riesgo de fabricar mis propias respuestas para llenar un silencio que me angustia. Pero colmar ese silencio con palabras que no son la respuesta de Dios no resuelve nada; al contrario, esto oscurece nuestro camino. David decía:


Pacientemente esperé al Señor, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. (Salmo 40:1)


También es peligroso dar a otros una respuesta que no viene de Dios. Lo cierto, es que más a menudo deberíamos decir humildemente: «No sé. No sé por qué atraviesas tal prueba, tal desierto. Quizá pueda animarte, deseo avanzar contigo, orar por ti. Hay muchas cosas que no entiendo, pero quiero esperar contigo la respuesta que viene de Dios». Pero por lo general damos nuestra opinión o lo que pensamos que Dios está haciendo.


Hermanos, aprendamos a esperar en Dios. Él, en sus tiempos, nos dará su respuesta, no cometamos el mismo error que el pueblo de Israel en el monte Sinaí.


Fuente: La Buena Semilla (Modificado)


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