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  • Foto del escritorAlexis Sazo

El rosal más hermoso



Fuente: La Buena Semilla (modificado)


(Jesús dijo:) Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. (Juan 15:9–10)


Una niña ganó el premio del rosal más hermoso, en un concurso de horticultura. Cualquiera podía pensar que la pequeña vivía en el campo, sin embargo, ella vivía en la ciudad. Sorprendido por su habilidad, un vecino algo curioso fue a pedirle su secreto. —Verá usted —dijo ella, tengo tres ventanas en mi habitación. En la mañana pongo mi rosal delante de la ventana que recibe el sol primero. Algunas horas más tarde lo pongo en la ventana del medio, y más tarde lo pongo en la tercera. Hago de tal manera que mi rosal siempre reciba el sol. Esa niña había comprendido que para prosperar, su rosal necesitaba ante todo el sol. Si quería tener un hermoso rosal, su tarea era vigilar que siempre estuviera en un lugar donde el sol pudiera alumbrarlo.


Este relato es una bella ilustración del versículo: «Conservaos en el amor de Dios» (Judas 21). Si deseamos tener una vida cristiana prospera y fructífera, necesitamos dejarnos iluminar por Aquel que es la fuente de la luz y del amor, esto es, por Dios. Nuestro Señor Jesús, la verdadera luz del mundo, «que alumbra a todo hombre, venía a este mundo» (Juan 1:9). Por lo tanto, nuestra misión es exponernos a la luz de Dios, es decir, estar en contacto diario con Él y con su Palabra, tanto en la mañana, al medio día, así como en la tarde. Su Palabra nos habla de Dios, quien es la vida, «y la vida es la luz de los hombres» (Juan 1:4).


Así que, evitemos permanecer a la «sombra» en los lugares donde la luz de Dios no brilla. No olvidemos que nuestra salud espiritual depende directamente de la manera en como aprovechemos esos rayos bienhechores y el calor del amor divino.


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