• Alexis Sazo

El precio de nuestra salvación



Por precio fuisteis comprados. (1 Corintios 7:23a RVR60)


¡Qué precio pagó el Señor Jesús cuando murió en la cruz del Gólgota! Él fue hecho hombre para poder ir a la cruz. Allí fue dejado solo. Los seres humanos le rodeaban como enemigos. El cielo no le respondió cuando Él exclamó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27:46 RVR60).


Proféticamente, David expresó aquella queja del Señor Jesús siglos antes de que Él lo hiciera (Salmos 22:1); y también dijo: «Porque me han rodeado males sin número; me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla» (Salmos 40:12 RVR60). En otro salmo escribió: «Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; he venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado. Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios» (Salmos 69:2–3 RVR60).


El Señor Jesús fue clavado y levantado en aquella cruz. En esos momentos el cielo se cerró ante Él. Allí colgado entre el cielo y la tierra, dejó su vida bajo el castigo de Dios, porque Él cargó nuestros pecados sobre su Hijo Jesucristo, haciéndolo pecado por nosotros. Este fue el precio que Jesús pagó por nuestra salvación. Fue el precio del amor de Dios.


En el Antiguo Testamento, en un libro llamado Cantar de los cantares, dice: «Porque fuerte es como la muerte el amor; [...] sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos» (Cantares 8:6–7 RVR60). Del mismo modo, las olas del castigo de Dios pasaron por sobre el Señor Jesús, pero no pudieron apagar su amor, consiguiéndonos de esta manera la Salvación eterna de nuestras almas.


¿Acaso no es digno de ser adorado por toda la eternidad por lo que Él hizo? ¡Por supuesto que lo es! Por eso, unámonos a las voces las huestes celestiales sin número que claman a gran voz:


El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. (Apocalipsis 5:12 RVR60)


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