• Alexis Sazo

El poder de la Palabra de Dios



Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. (Hebreos 4:12)


Por haber dado testimonio de su fe en Cristo, en Pakistán, una mujer creyente fue encarcelada durante algunos meses en la misma celda donde se hallaban mujeres que habían cometido faltas contra el derecho común. Felizmente para ella le dejaron su Biblia.


Un día una de sus compañeras de celda le preguntó: —¿Qué lees con tanto interés?— La Biblia —respondió ella. —Este libro es un espejo en el cual vemos lo que somos a los de Dios, quien es el juez de todos los seres humanos. —Entonces, lo que se ve no ha de ser especialmente hermoso, comentó otra mujer con una sonrisa amarga. Tienes razón —repuso la creyente; —este espejo nos muestra lo que Dios llama pecado en nuestra vida, y Él debe castigarnos por lo que hemos hecho, dicho y pensado. Pero este mismo libro, la Biblia, nos invita a acudir al Salvador de los pecadores; Jesucristo mismo dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar» (Mateo 11:28).


Por cierto, fue el pecado el que nos trajo a este lugar —reconoció la primera señora, y nadie puede deshacer lo que hemos hecho.


Así que la creyente tuvo la oportunidad de hablarles del perdón de Dios y la salvación gratuita del alma. Como algunas de sus compañeras de celda querían oír más al respecto, empezó a leer la Biblia cada mañana con ellas. Poco tiempo después se notó un cambio de actitud entre las prisioneras. Algunas reconocieron su culpa, la cual había negado hasta entonces ante las autoridades. En lugar de amargura se mostró en ellas paz y contentamiento.


Solamente Dios puede cambiar nuestros corazones si es que depositamos nuestras fe en el Señor Jesús como el salvador de nuestras vidas; pues así lo prometió:


Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. (Ezequiel 36:26)


¿Quiere un corazón nuevo? Venga a Cristo sin tardar.



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