top of page
  • Foto del escritorAlexis Sazo

El peso por los perdidos



Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. (Lucas 15:32)


El señor Mactavish (nuestro perro) se había ido. Yo quería esperar hasta la mañana para ver si regresaba por sí solo. Pero la mirada en los demás miembros de mi familia vetaron esa idea. De manera que subimos al auto para empezar a buscar a nuestro extraviado terrier escocés. Mientras conducíamos calle arriba y calle abajo, llamándolo por su nombre y mirando intensamente en medio de la oscuridad, hasta yo me puse sentimental. Comencé a pensar: ¿Y si lo atropelló un automóvil? ¿Y si alguien se lo llevó? ¿Y si no lo volvemos a ver?


A la larga lo encontramos, y nos pusimos muy contentos como familia. Y a pesar de que estaba hecho un desastre —lleno de lodo y mal oliente— fue un gusto ver a Mac. De hecho, en aquel momento parecía que mi familia estaba más contenta de haberlo encontrado y de estar con aquel perro sucio que de estar juntos unos con otros. ¿Significa eso que queríamos a Mac más de lo que nos queríamos unos a otros? Claro que no, sencillamente estábamos felices de haber encontrado a nuestro perro perdido.


Nosotros, como creyentes, ¿sentimos la misma urgencia por predicar y llevarles a la salvación a las personas sin Cristo? ¿Están nuestros corazones llenos de amor de Dios por las almas perdidas? Al parecer, los afanes de este mundo, nuestros propios anhelos y metas personales se han interpuesto en nuestro amor por nuestro prójimo. ¿Qué nos mandó Dios? ¿Ama a este mundo como a ti mismo? ¡Por supuesto que no! Nos dice su Palabra:


No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Levítico 19:18)


Necesitamos pedirle a Dios que sintamos el peso de las almas perdidas, que nos dé un corazón como el de Él, que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10). Pidamos que a Dios que podamos ser imitadores del Señor, tal como nos manda su Palabra:


Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús. (Filipenses 2:5)


44 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Comments


bottom of page