• Iris P.

EL PERDÓN

Actualizado: 23 de sep de 2020



El apóstol Pedro se le acercó al Señor y le dijo: 


Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí, hasta siete? Jesús le dijo: no te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. (Mateo 18.21-22)

¿Qué le parece? El Señor dijo: Si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial. (Mateo 6.14)


Esto es grave, porque el no perdonar es un pecado y con pecado jamás entraremos al reino de Dios. Conforme a las escrituras, no podemos permanecer enojados hasta que se por un día. 


Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle». No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados. (Efesios 4.26 NTV)

Si es que nos enojamos, este no debe durar al llegar la noche; pero cuántas veces escuchamos decir a personas: “te perdono, pero no lo olvido” ¡Eso es perdón! Además, los creyentes tenemos no solo el mandato de perdonar para ser perdonados, sino que se nos dice de la manera que debemos hacerlo:


De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. (Colosenses 3.13)

¿Cómo nos perdonó Cristo? Nos dice el profeta Isaías que Dios borra nuestras rebeliones y no se acuerda más de ellos (Isaías 43.25); también se nos dice que Él las deshace como una nube (Isaías 44.22); sepulta nuestras maldades y las echa al fondo del mar (Miqueas 7.19). En otras palabras, cuando Dios nos perdona hace de cuenta que jamás cometimos pecado. Es de esta forma como se nos manda a perdonar, nada menos. 


Quizás alguien se pregunte porqué debemos perdonar a quien nos ofende, porque al igual que en la parábola de los dos deudores (Mateo 18.23-35), el rey le perdona una cantidad abismalmente grande de dinero a uno de sus siervos, pero este se rehúsa perdonar una cantidad mínima comparada con lo que se le perdonó a él. Es lo mismo con nosotros, se nos perdonó una cantidad gigantesca de pecados y es por esa razón que debemos cualquier pequeña falta que alguien cometa contra nosotros. Aunque es triste saber que hay hermanos que no perdonan pervirtiendo así el mandato de Dios y exponiéndose al castigo de este. 


Pensemos pues que si no perdonamos a nuestros semejantes del mismo modo que hemos sido perdonados, nunca podremos orar a nuestro Padre diciendo: “Perdónanos así como nosotros perdonamos”; porque mientras no perdonemos, él no nos va a perdonar. 


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