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  • Foto del escritorAlexis Sazo

El pensar afecta nuestro actuar



Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra.  Pues ustedes han muerto a esta vida, y su verdadera vida está escondida con Cristo en Dios. (Colosenses 3:2–3 NTV)


Una vez oíd de un campesino que siempre era optimista y rara vez desanimado o triste. Sin embargo, tenía un vecino que era todo lo contrario, afligido y taciturno, comenzaba cada mañana con un pesado suspiro. El agricultor alegre y optimista veía salir el sol y por sobre el rugido del tractor gritaba: —¡Miren, qué sol tan hermoso y que cielo tan despejado! Con el ceño fruncido, el vecino negativo contestaba: —¡Sí; probablemente quemará la cosecha! Cuando se juntaba las nubes y empezaba a caer la muy necesitada lluvia, nuestro amigo positivo sonreía al otro lado de la cerca: —¡No es esto maravilloso; Dios está regando nuestro maíz! De nuevo, la misma respuesta negativa: —Ajá, pero si deja de llover pronto se va a inundar y arrastrará todo.


¿Por qué nos es tan difícil controlar nuestros pensamientos y mantener nuestra fe? Recordemos que la mente refleja aquello que la alimenta. Por ejemplo, si constantemente estamos participando de un entretenimiento basado en el conflicto o la violencia, la cólera caracterizará nuestras interacciones con otras personas. Si siempre estamos dando lugar a pensamientos de temor, confiar en Dios nos será muy difícil. 


Si deseamos llegar a ser todo aquello para lo cual el Padre nos creó, debemos llenar nuestras mentes con los caminos y principios de Dios y su Palabra. Debemos pedirle que nos ayude a discernir todo lo que entra en nuestras mentes cada día, pues se trata de un acto de su voluntad. Esto puede parecer difícil, pero es el esfuerzo de mayor recompensa que podremos hacer, porque nos permitirá conocer mejor a Dios y disfrutar lo principal de la vida: Su presencia. 


Así que, no esperemos más, mis hermanos, empecemos a refinar nuestros pensamientos hoy mismo. Apropiémonos de todo lo que el Señor Jesús nos ha dado al enfocar nuestra mente en Él.


Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad. (Filipenses 4:8 LBLA)

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