• Alexis Sazo

El pan de cada día



Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. (Juan 6:51)


A lo largo de los años, especialmente en nuestros días, el pan ya no tiene la misma relevancia que tenía en los tiempos bíblicos. Normalmente no pensamos en él como en un símbolo de las necesidades de la vida, porque tenemos otros alimentos que han ganado preponderancia. Sin embargo, en los tiempos del Señor Jesús (así como en el Antiguo Testamento), el pan representaba la subsistencia, el poder seguir con vida, el alimento en todas sus diferentes formas.


Al leer en el Antiguo Testamento vemos como Dios mantenía con vida a su pueblo en el desierto al enviarles el maná del cielo. Pero aquella provisión tenía el propósito de llevar sus miradas a los cielos:


Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. (Deuteronomio 8:3)

Luego en el lugar santo del tabernáculo, y posteriormente en el templo, debían haber doce panes –llamados de la proposición– que se ponían sobre la mesa de oro. Estos panes representaban las doce tribus de Israel y la provisión continua de Dios. En otras palabras, que era Dios quien los sustentaba cada día; eran un recordatorio para Israel que su provisión venía de Dios, no de sus esfuerzos, de la naturaleza o de la tierra que cultivaban.


No obstante, para los creyentes de hoy en día, el pan tiene un significado aun más profundo. Así como el maná que venía del cielo, su Palabra (la Biblia) es aquella provisión diaria que tenemos para el sustento espiritual diario. Ya que podemos decir como Jeremías: «Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos» (Jeremías 15:16).


Mientras que el segundo significado es incluso más maravilloso: el Señor Jesús. Él dijo: «Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás» (Juan 6:35). El pan que descendió del cielo (Juan 6:51) no solo nos da vida física, sino que nos provee de sustento de vida espiritual para toda la eternidad. El pan asimismo representa su cuerpo «partido» en la cruz del Calvario, el cual tomamos en al recordarle en lo que llamamos la cena del Señor y que celebramos por mandato de Él (Lucas 22:19).


Para el mundo el pan perdió su importancia, pero no para los creyentes; y cada día estamos necesitados del pan de cada día.


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