• Alexis Sazo

El Padre sabe lo que es mejor



¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?; o tu obra: ¿No tiene manos? (Isaías 45:9)


Uno se da cuenta que ha estado en el asunto de la crianza un buen tiempo cuando los hijos empiezan a comprar cómo los has criado, dijo un cristiano que tenía dos hijas. Y agregó: Lisa y Julie llevan ese deporte a nuevas alturas al señalar las diferencias en cómo las hemos tratado con cosas como conducir el automóvil y a qué horas pueden regresar a casa. Por supuesto Lisa, que es la mayor, recuerda que fuimos mucho más exigentes con ella. Por su parte Julie no está de acuerdo con su hermana.


La verdad es que tratamos a nuestras hijas de una manera diferente por una muy buena razón: ¡Porque son diferentes! Ya que lo que es bueno para una, no es bueno para la otra.


En Juan capítulo 21, el Señor Jesús le dio a Pedro una clave acerca de las cosas terribles que le sucederían (v. 18–19). Pero Pedro estaba más preocupado por Juan que por lo que le dijo el Señor:


Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. (Juan 21:21–22)


Esto nos deja en claro que Dios tiene planes muy diferentes para cada uno de sus hijos, pero todos son igualmente perfectos. Bien dice en su Palabra:


Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. (Jeremías 29:11)


A veces miramos a los demás y nos preguntamos: ¿Por qué Dios ha hecho cosas buenas con tal o cual hermano y no conmigo? ¿Por qué sufro cuando otros no lo hacen? ¿Por qué son las cosas tan difíciles para mí, mientras que para otros parecen tan fáciles? Lo cierto es que Dios nos coloca en situaciones diferentes de manera particular a cada uno de nosotros por razones que para Él son perfectas y, por lo tanto, nosotros debemos aceptarlas sin rezongar, pues Él conoce todas las cosas y su sabiduría no hay quien la alcance (Isaías 40:28).


Así que, en vez de estar comparándonos con otros creyentes, sus vidas y sus pruebas y bendiciones, reconozcamos que Dios es quien sabe lo que es mejor para cada uno y que Él sabe cómo tratar de manera individual con cada uno de sus hijos. Porque recordemos que:


Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. (Isaías 55:9)


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