• Alexis Sazo

El mundo en que vivimos




No te inquietes a causa de los malvados ni tengas envidia de los que hacen lo malo. Pues como la hierba, pronto se desvanecen; como las flores de primavera, pronto se marchitan. (Salmos 37.1–2 NTV)


A medida que se acerca la venida del Señor, aumenta la impiedad del mundo. Basta con que veamos las noticias y nos daremos cuenta como cada día más el mundo se descontrola en hacer el mal. Es más, las normas que se habían mantenido por décadas, no solo se han debilitado, sino que las hemos visto desaparecer y colapsar frente a nuestros ojos. El respeto mútuo, el poder debatir ideas son cosas del pasado. Hoy en día todos quieren hablar, pero nadie quiere escuchar; el común denominador de las personas no entiende de razones, sino que solo quieren que se haga lo que ellos desean. El crimen, la anarquía, la violación de las leyes divinas, ascienden como un cohete al espacio, pues son de pan de cada día.


Pero, si hemos estado viendo con impotencia y dolor el mundo a nuestro alrededor, lo que nos dice Dios a través del salmista, es muy alentador. ¡Aún hay esperanzas! Y aún podemos mirar las cosas de manera positiva. En los versículos del encabezado vemos el consejo de Dios a no inquietarnos por los malvados cuando prosperan, porque desaparecen tan rápido como las flores en la primavera.


En el versículo tres, de este mismo salmo, dice: Confía en el Señor, y haz el bien. Nuestra confianza debe ser Dios y no la gente, porque cuando consciente o inconscientemente ponemos nuestra confianza en nuestros semejantes, terminamos desanimados. Pero lo que Dios nos dice es que confiemos en Él y que hagamos el bien, porque a su tiempo segaremos (Gálatas 6.9).


Luego, en el versículo cuatro nos dice: Deléitate en el Señor. Es decir, que frente a todo lo malo que podamos ver, lo mucho que podamos sentirnos descorazonados por toda la maldad que nos rodea, nuestra fuente de alegría y gozo debe ser nuestro Dios.


En el versículo cinco, dice: Encomienda al Señor tu camino, confía en Él, que Él actuará. A veces, al mirar a nuestro alrededor, no sabemos en quién podemos confiar, quién nos puede ayudar verdaderamente sin fallarnos. Ahí es donde Dios nos dice: —déjame actuar a mí. Las palabras que le dijo al pueblo de Israel antes de la batalla, son las mismas que nos dice a nosotros: «paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros» (2 Crónicas 20.17 RVR60).


Y finalmente, en el versículo siete, nos dice: Guarda silencio ante el Señor, y espera en Él. Porque Dios prevalecerá sobre todo lo demás. Mientras más nos enfocamos en Dios, su Palabra y sus promesas, menos nos inquietamos por los problemas de este mundo.


Sí, es cierto que vivir en este mundo se hace cada vez más difícil, la cuesta cada día es más pronunciada, pero con Dios ¡siempre obtendremos la victoria!


Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Filipenses 4.13 RVR60)


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