• Alexis Sazo

El miedo que no deberíamos tener



Al Señor de los ejércitos es a quien debéis tener por Santo. Sea Él vuestro temor, y sea Él vuestro terror. (Isaías 8.13 LBLA)

Este temor no es como el miedo que sintieron Adán y Eva escondiéndose de Dios (Gn. 3.8), no, este es un temor que como sus hijos debemos debemos sentir si es que vamos a pecar. Nos debe mover a estar conscientes de que estamos en su presencia y que Él nos está observando y oyendo cada palabra y pensamiento en todo momento. No obstante, no es en lo que me quiero centrar, ya que a raíz de lo del COVID-19 muchos hermanos están “muertos de miedo”.


Bueno, conozco a quienes, de manera continua en sus vidas, viven en una “jaula de temor” a pesar de ser creyentes. E incluso conozco a quien teme morir siendo creyente. Cosa extraña, porque como dijo Pablo:


Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia. (Filipenses 1.21 LBLA)

Y es el mismo pensamiento que deberíamos tener todos los que hemos confiado en Cristo Jesús como nuestro Salvador. Porque como bien le dijo este mismo apóstol a los corintios:


Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. (1 Corintios 15.54–57 RVR60)

Esta “pandemia”, ha gatillado un sin fin de temores y miedos en muchos cristianos, los cuales viven presos del pánico, pues temen contagiarse y enfermar. Claro, lo normal es que los inconversos sientan ese temor a contagiarse y morir frente a cualquier enfermedad desconocida, ya que no conocen al Señor; sin embargo, nosotros los creyentes no tenemos porqué actuar igual que ellos, porque como dice el versículo del principio, el único temor que un creyente debería experimentar es hacia su Dios; que es lo mismo que nos dijo el mismo Señor Jesús:


Les diré a quién temer: teman a Dios, quien tiene el poder de quitarles la vida y luego arrojarlos al infierno. Claro, él es a quien deben temer. (Lucas 12.5 NTV)

Hermano(a), si usted es de aquellos que teme a las mismas cosas que el mundo, le invito que se examine, porque a fin de cuentas esas no son más que cargas, cargas que nuestro Dios está muy dispuesto a tomar:


Tú, deja tus pesares en las manos del Señor, y el Señor te mantendrá firme; el Señor no deja a sus fieles caídos para siempre. (Salmos 55.22 RVC)

Nosotros no debemos temer contagiarnos y morir y aunque así fuera, es porque Dios lo ha permitido, no porque salimos de casa y estuvimos respirando el mismo aire que las demás personas. Porque todo lo que acontece en el mundo y en nuestras vidas, es porque Dios lo ha permitido:


¿Quién puede decir que algo sucede sin que el Señor lo ordene? ¿Acaso lo malo y lo bueno no proviene de la boca del Altísimo? (Lamentaciones 3.37–38 RVC)

Así que, hermanos, dejemos atrás nuestros temores y vivamos una vida llena de seguridad y confianza en nuestro Dios.


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