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  • Foto del escritorAlexis Sazo

El mal ejemplo del diablo



Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley. (Deuteronomio 29:29)


Una de las seducciones magistrales de Satanás consiste en mantener a los espíritus de los hombres investigando y haciendo conjeturas sobre las cosas que Dios no nos ha dado a conocer y que no quiere que entendamos, puesto que le pertenecen únicamente a Él. Así fue como Lucifer perdió su puesto en el cielo. Se indispuso porque no le fueron revelados todos los secretos de los designios de Dios, y no se fijó en lo que le había sido revelado respecto a su propia obra y al elevado puesto que le había sido asignado. Al provocar el mismo descontento entre los ángeles que estaban bajo sus órdenes, causó la caída de ellos.


En nuestros días trata de llenar las mentes de los hombres con el mismo espíritu y de inducirlos además a despreciar los mandamientos directos de Dios. Son muchos los que dan por hechos científicos lo que no pasa de ser más que meras teorías o elucubraciones, y piensan que la Palabra de Dios debe ser probada por las enseñanzas de «la falsamente llamada ciencia» (1 Timoteo 6:20). El Creador y sus obras les resultan incomprensibles; y como no pueden explicarlas por las leyes naturales, consideran la historia bíblica como si no mereciese fe. Los que dudan de la verdad de las narraciones del Antiguo Testamento y del Nuevo, dan a menudo un paso más y dudan de la existencia de Dios y atribuyen poder infinito a la naturaleza. Es así como muchos se alejan de la fe y son seducidos por el diablo.


La filosofía intentó sondear y explicar misterios que no serán jamás revelados en el curso infinito de las edades. Si los hombres se limitaran a escudriñar y comprender tan solo lo que Dios les ha revelado respecto de sí mismo y de sus propósitos, llegarían a tal concepto de la gloria, la majestad y el poder de Jehová, que se darían cuenta de su propia pequeñez y se contentarían con lo que fue revelado.


Hermanos, no deseemos conocer los misterios que no nos fueron revelados, sino que ocupemos nuestro tiempo y esfuerzos para cumplir lo que se nos mandó, tal como le dije el Señor los discípulos antes de ascender al cielo (Hechos 1:6–8). No imitemos al maligno, sino que aprendamos a ocupar el lugar que nos corresponde como criaturas.


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