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  • Foto del escritorAlexis Sazo

El lenguaje de la creación



Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. (Romanos 1:20)


Dios puso a disposición de la humanidad dos maneras de conocer que Él existe: La creación y la Biblia. Y tanto para leer uno como el otro es necesario tener fe, pues dice en Hebreos 11:6 «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan».


Si miramos en la naturaleza, por ejemplo, un sencillo paseo nos proporcionará innumerables oportunidades para maravillarnos: Una flor, la forma de una hoja, el viento que sopla en nuestra cara, el cielo azul, etc. Todo, absolutamente todo, desde lo infinitamente grande (como el universo) hasta lo infinitamente pequeño (como los átomos), dan testimonio del poder creador y de la perfección de la sabiduría de nuestro Dios.


Pero la naturaleza también nos habla de la bondad de Dios, quien quiere el bien de sus criaturas, pues ha hecho un mundo armonioso y bello para ser disfrutado por nosotros. No obstante, existen muchos que aseveran que Dios no existe, que todo lo creado forma parte de una serie de eventos aleatorios. Una de las razones de esto es de naturaleza moral, porque reconocer que Dios existe, es admitir que su Palabra es verdadera, lo cual significa que un día tendrán que dar cuenta delante de Dios por sus actos.


Por otro lado, negarse a escuchar a Dios solo conduce a los peores desastres en nuestras vidas como seres humanos, tal como leemos en Romanos 1:26–32. Y es más, el estado de contaminación que sufre nuestro planeta, también es el resultado del desprecio hacia Dios, pues no cuidamos su creación.


Sin embargo, únicamente en su Palabra encontramos la revelación «completa» de Dios, de lo que Él desea comunicarnos, esto es, que frente a nuestro pecado, Él nos dio un salvador, el cual es su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. No dejemos de leer, estudiar y meditar en su Palabra, porque como dijo el Señor: «ellas son las que dan testimonio de mí» (Juan 5:39).


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