• Alexis Sazo

El inescrutable Dios



Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos—declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. (Isaías 55.8–9 LBLA)


John Wesley dijo: «Muéstrame un gusano que pueda comprender al hombre y te mostraré a un hombre que pueda comprender a Dios». Para nuestras mentes tan limitadas es imposible poder entender los pensamientos o actos de Dios. Por eso su Palabra dice:


Grande es el Señor, y digno de ser alabado en gran manera; y su grandeza es inescrutable. (Salmos 145.3 LBLA)


Uno de los pasajes que más me gustan del Antiguo Testamento es cuando Dios habla desde un torbellino con Job (Job capítulos 38 al 42.1-8) y le hace preguntas de cosas que solo Dios conoce. Hay dos preguntas que me encantan: «¿Dónde está el camino en que se divide la luz, o el viento solano esparcido sobre la tierra?»; y la otra es: «¿Envías los relámpagos para que vayan y te digan: “Aquí estamos”?» (Job 38.24, 35 LBLA). Son mis favoritas, porque me hacen sentir tan ignorante y pequeño, para poder contemplar aquel Dios infinito en sabiduría y poder.


A pesar de que nuestro Dios se encuentra más allá de nuestra comprensión, existen muchos cristianos que se dedican a tratar de entenderlo; para lo cual usan comparaciones. Por ejemplo, se nos dice que Dios es: un pastor fiel; un rey justo y sabio; un padre amoroso; y un amigo fiel. Sin embargo, todas estas analogías son completamente inadecuadas para poder comprender a Dios a cabalidad. Es por eso que es tan difícil entender cómo podemos siquiera conocer al Dios Creador.


No obstante, en los evangelios podemos ver a Dios mismo encarnado en la hermosa persona de nuestro Salvador, el Señor Jesús, quien nos reveló muchas cosas de Él como Dios mismo y nos dio a conocer al Padre, pues Él dijo: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Juan 14.9). Así que, cuando miramos al Señor y escuchamos lo que ha dicho, podemos conocer lo inescrutable.


Pero no solo es a través de los evangelios que podemos saber las cosas de Dios, sino que Él en su bondad y misericordia nos dio de su Espíritu Santo, el cual nos enseña de las cosas divinas, pues el Señor dijo: «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber» (Juan 16.13–15 RVR60). De ahí que Pablo diga: «Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo» (1 Corintios 2.16 RVR60).


Alabémosle, porque el Dios Todopoderoso, infinito en sabiduría e inteligencia se da a conocer a criaturas indignas como somos nosotros.


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