• Iris P.

EL DESPRECIO QUE AÚN MANIFESTAMOS


Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. (Isaías 53.3 RVR60)


¿Quién es este varón del que se habla en aquel versículo? No es otro sino más que el Señor Jesús, quien es Dios mismo, el cual se hizo carne, es decir, se humanó. Pero ¿nos damos cuenta que Dios vino a la tierra? ¡Él descendió del Cielo para venir a salvarnos! Sin embargo, sus criaturas no le recibimos.


En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. (Juan 1.10–11 RVR60)


En el tiempo en el que Él vino al mundo, las autoridades religiosas de la época le despreciaron; los religioso lo veían como un estorbo. No solo eso, sino que lo veían un carpintero cualquiera, un indocto sin preparación religiosa; era tanto así que hasta se maravillaban de sus Palabras: Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? (Juan 7.15 RVR60).


Dios envió a su propio Hijo para salvarnos de las garras de Satanás; vino a liberarlos de ese amo cruel, que tiene poder sobre la mente de los hombres. Este ser maligno tiene cautiva la voluntad de la humanidad, por eso el hombre natural sin Cristo le obedece como un robot; y estimula a que el ser humano sienta aversión contra todo orden establecido por Dios. Pero no le podemos echar toda la culpa a él, porque nosotros, debido a nuestra maldad, no queremos ir a la presencia de Dios:


Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. (Juan 3.19–20 RVR60)



¿No nos llama la atención que como hoy en día nadie se sujeta a las leyes establecidas por las autoridades? A la orden del día está el aborto, asesinando a sus propios hijos desde el vientre; también la relación ilícita a los ojos de Dios entre personas del mismo sexo; y qué decir de aquellos padres que asesinan a golpes a sus bebés; al igual los que violan a sus pequeños, etc. Todo esto es obra conjunta del ser humano y del enemigo de las almas (Satanás), quien estimula al ser humano a pecar más y más. Él nos odia tanto, que se goza haciendo de las personas un guiñapo en sus manos.


Amigo(a) a esto vino el Hijo de Dios, a librarte de ese tenebroso ser tan perverso. Pero si sigues rechazando, como lo hizo la humanidad de antaño, las consecuencias serán terribles. Porque poco falta para la venida de aquel que vino como siervo; pero que esta vez vendrá como Rey y Señor a juzgar a todo ser humano que haya pisado alguna vez esta tierra. A juzgar y a condenar. Porque está escrito: Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego (Apocalipsis 20.15 RVR60).


¡Ven pronto a Jesús, antes de que sea demasiado tarde!


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