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  • Foto del escritorAlexis Sazo

El cristianismo, ¿promete prosperidad material?



Enviamos a Timoteo nuestro hermano… para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe, a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos. (1 Tesalonicenses 3:2–3)


Desde hace algunos años se oye hablar del «evangelio de la prosperidad». Según esta enseñanza, un cristiano no debería ser pobre ni sufrir enfermedades o persecuciones. Por el contrario, ser rico y tener buena salud sería la prueba de la bendición divina y el testimonio de una fe sólida. Este argumento se apoya en textos deformados de la Biblia o sacados de su contexto.


Este tipo de enseñanza cae en la categoría de lo que el apóstol Pablo llamó: «un evangelio diferente». El apóstol les dijo a los hermanos en Gálatas 1:6–7, «Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo» (Gálatas 1:6-7).


En efecto, el verdadero y único evangelio enseña la necesidad de salvación del hombre mediante el arrepentimiento, y el perdón de pecados logrado por la muerte de Jesucristo, el Salvador. Aunque es verdad que a consecuencia de esta salvación, el hombre obtiene prosperidad, sin embargo, esta es de tipo espiritual y no material. Una vez que creímos, el conocimiento de Dios como Padre, su comunión y su esperanza son una fuente de felicidad para todo creyente.


Por lo tanto, creer y seguir este «evangelio de la prosperidad», ¡sería admitir que la Palabra de Dios miente! Además, está el hecho de que somos llamados a ser «imitadores de Dios como hijos amados» (Efesios 5:1), ¿y qué se nos dice de aquel a quien debemos imitar? «Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos» (2 Corintios 8:9). Por otro lado, la Biblia es clara en mandarnos lo siguiente:


No te afanes por hacerte rico; sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo. (Proverbios 23:4–5)


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