• Iris P.

EL CREYENTE ESPIRITUAL




Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. (Efesios 4.13)

Un creyente espiritual, es aquel que deja de vivir para sí (Gálatas 2.20) o porque sí, sino que su vida tiene sentido, pues goza de una relación íntima con Dios. Es aquel que nunca se aleja de Él (Santiago 4.8).


Un creyente espiritual es aquel que siente sed de leer y estudiar su Palabra; aquel que tiene un “rincón secreto” para estar a solas con su Dios en oración y que cada día anhela pasar tiempo con su Dios (1 Tesalonicenses 5.17). Es el que confía en su Señor y le cuenta sus cosas, sus alegrías y tristezas; asimismo es aquel que descansa en su Salvador, pues confía con todo su corazón (Salmos 55.22); es uno que dirige todos sus pensamientos, sus proyectos, sus logros y fracasos hacia el Cielo, pues su todo es Dios (Salmos 37.5).


El creyente espiritual, es el que sin importar las circunstancias de su vida no olvida que Dios sustenta todas las cosas (Hebreos 1.3). Ya que sabe que solo en su Señor puede descansar (Mateo 11.28); porque es su amigo que le escucha, le aconseja y le da la salida en las dificultades, porque no se olvida que sus criaturas no somos más que polvo (Salmos 103.14).


El creyente espiritual sabe que es frágil, sabe que jamás debe confiar en sí mismo, sino que debe velar continuamente para no caer en tentación (1 Tesalonicenses 5.6); porque conoce que tiene un enemigo portentoso que anda como león rugiente buscando a quién devorar (1 Pedro 5.8).


Un creyente espiritual es aquel que espera el tiempo de Dios cuando hace una petición, jamás desea que las cosas pasen en el tiempo suyo (Salmos 25.3).


Un creyente espiritual es uno que no teme del hombre, porque ha puesto su confianza en el Creador (Mateo 10.28). Es aquel que se acuerda de andar de la manera como recibió al Señor Jesucristo (Colosenses 2.6). Es uno que con humildad y mansedumbre, soporta con paciencia a otros hermanos, en amor (Efesios 3.2). 


Un creyente espiritual sabe que debe examinar sus pasos continuamente y que además le pide a Dios que examine su corazón día con día para que vea si hay camino de perversidad en él (Salmos 139.23-24). Es aquel que observando la vida del Señor cuando estuvo en la tierra, busca ser su imitador en todo (Efesios 5.1). 


Un creyente espiritual es aquel que sabe recibir, con humildad, la exhortación que recibe (Proverbios 13.1); uno que ha aprendido a no ofenderse o sentirse herido cuando es reprendido por el Espíritu de Dios, a través de un hermano desde el púlpito o al usar un(a) hermano(a) de mayor experiencia y maduro(a) en las cosas del Señor. 


Un creyente espiritual es uno que busca obedecer a su Dios sin poner excusas; y que sin importar si algo parece pequeño o difícil, no por eso no lo obedece. Es uno que no ama al mundo (1 Juan 2.15) y no es amigo del mundo (Santiago 4.4) y tampoco busca imitarlo o conformarse a él (Romanos 12.2). 


Sin embargo, cuando estoy con creyentes maduros, sí hablo con palabras de sabiduría, pero no la clase de sabiduría que pertenece a este mundo o a los gobernantes de este mundo, quienes pronto son olvidados. No, la sabiduría de la que hablamos es el misterio de Dios. (1 Corintios 2.6–7 NTV). 

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