• Alexis Sazo

El crecimiento de la iglesia




 

Que… sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente. (1 Timoteo 3:15)

Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare… la obra de cada uno se hará manifiesta. (1 Corintios 3:11-13)

 

Jesús mismo edifica su Iglesia. La perfección del edificio está entonces asegurada y pronto será visible en el cielo. Mientras tanto, cada cristiano es una piedra viva (1 Pedro 2:5), y no inerte, en el edificio. Por lo tanto, el Señor espera que cada uno de nosotros participemos de forma eficaz en la construcción de la misma, ¿cómo? Obedeciéndole a Él y a su Palabra.

Estas instrucciones se hallan en la Biblia, sobre todo en las epístolas, escritas por los apóstoles, siendo inspirados por el Espíritu Santo. En la iglesia hay un orden establecido por Dios, y Él desea comunicárnoslo. Hombres, mujeres, jóvenes y ancianos, todos tenemos una función precisa e indispensable al interior de la iglesia de Dios. El Espíritu Santo es quien distribuye los papeles según la sabiduría y soberanía divinas; algunos son visibles y públicos, mientras que otros están «más escondidos» (1 Corintios 12:4–11), pero no por ello menos importante. De ahí que cada uno de nosotros deba comprender cuál es el mío y, sobre todo, desempeñarlo de forma fiel.

La obra de cada uno será evaluada por el Maestro de la obra, como bien lo expresó el apóstol Pablo: «Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida» (1 Corintios 3:14–15). Entonces, motor de cada creyente debería ser un: me esforzaré por hacer una contribución positiva, para ser útil a todos mis hermanos y especialmente a mi Señor.

Porque no debemos olvidar que el motor de nuestra vida (y en este caso nuestra obra como creyentes) es el amor al Señor y a nuestros hermanos. Este amor es «el camino aun más excelente» (1 Corintios 12:31), llamado en las Escrituras como «el vínculo perfecto» (Colosenses 3:14). De ahí que el mandamiento divino para su iglesia sea: «Todas vuestras cosas sean hechas con amor» (1 Corintios 16:14). La pregunta es: ¿Estamos colaborando para el crecimiento de la iglesia de nuestro Señor?


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