• Alexis Sazo

El collar de hierro



Nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. (Tito 2:13–14 RVR60)


Un misionero en África Occidental estaba tratando de comunicar el significado de la palabra redimir en la lengua bambara, así que pidió a su asistente africano que lo ayudara a entregar el mensaje en aquella lengua nativa. Y el asistente le contestó al misionero: —Nosotros decimos que Dios nos sacó la cabeza. ¿Y cómo explica eso la redención? —preguntó perplejo el misionero.


Aquel intérprete le dijo que hace muchos años atrás, algunos de sus antepasados habían sido capturados por comerciantes de esclavos, los habían encadenado juntos, y los habían llevado a la costa para venderlos. Uno de los prisioneros llevaba puesto un collar de hierro alrededor del cuello. Cuando los esclavos pasaban por la villa, uno de los jefes podía notar a algún amigo suyo entre los cautivos y ofrecer pagar al comerciante de esclavos en oro, marfil, plata o bronce. El prisionero era redimido mediante el pago. Entonces, le sacaban la cabeza del collar.


¡Qué ilustración tan gráfica y tan inusual de la palabra redimir! En Efesios 1:7, dice: «En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia. El Señor Jesús murió en la cruz para comprar nuestra libertad del yugo de la esclavitud del pecado del que éramos prisioneros. Pues éramos esclavos de un amo cruel llamado Satanás.


Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. (Hebreos 2:14–15 RVR60)


Aquellos hombres y mujeres capturados para ser vendidos como esclavos y que eran redimidos por alguien, cuán agradecidos deben haberse sentido. ¿Nos sentimos igualmente agradecidos cada día?


Y si usted aún no ha puesto su confianza en el Señor Jesús para ser redimido por Él, ¿qué está esperando? Pues Él quiere hacerle libre de aquel collar esclavizante del pecado.


Así que, si el Hijo (de Dios, esto es, Jesús) os libertare, seréis verdaderamente libres. (Juan 8:36 RVR60)


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