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  • Foto del escritorAlexis Sazo

El andar por fe



Por fe andamos, no por vista. (2 Corintios 5:7)


Alguien contó la siguiente experiencia: Con motivo de una travesía por el canal de la Mancha, hace algunos años, la niebla era tan espesa que nos impedía incluso ver el agua. Sin embargo, el barco seguía avanzando a buen ritmo. El radar informaba al piloto y al capitán sobre todos los posibles obstáculos del recorrido. Una línea ancha en la pantalla señalaba con precisión otro barco delante de nosotros. El radar traspasaba la neblina y permitía distinguirlo.


La fe obra un poco como el radar; revela las realidades invisibles detrás de las nubes de nuestras dudas y dificultades frente a lo desconocido y nos ayuda a avanzar sin sufrir accidentes. Lo interesante de la fe es que no razona, sino que simplemente cree porque Dios ha hablado. Por ejemplo, la fe reconoce que el universo no es el producto del azar, sino que fue creado por mandato de Dios. Y para todo creyente, vivir sin ella, es imposible, ya que su Palabra nos dice que «sin fe es imposible agradar a Dios» (Hebreos 11:6).


A veces pensamos en Dios como fuente de la fe, pero nos olvidamos que en la Biblia encontramos la fe también, pues, «la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios» (Romanos 10:17). Por lo tanto, es la fe que hallamos en la Palabra de Dios la que nos muestra lo que está mal en nosotros, así como lo que está en contradicción con la bondad y la verdad divina. Además, en ella se nos muestra exactamente quiénes somos delante de Dios. También nos da esperanza porque nos asegura lo que Dios ha hecho por nosotros, y lo hace real en nuestras vidas, permitiéndonos así vivir por fe, ya que «el justo por su fe vivirá» (Habacuc 2:4). El apóstol Pablo decía a los gálatas: «Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2:20).


Así que, podemos decir con toda certeza que la fe no es una auto persuasión, ni un sentimiento indefinido basado en nuestra imaginación, sino que es la convicción de que, primeramente, Dios existe, que su Palabra es la verdad, que ella nos capacita para creer y que Dios nos habla a través de ella, para que de esta forma podamos andar por fe y no por vista.


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