• Alexis Sazo

El alto costo del pecado



No seas sabio a tus propios ojos, teme al Señor y apártate del mal. Será medicina para tu cuerpo y refrigerio para tus huesos. (Proverbios 3.7–8 LBLA)


En 1999 La corporación Lockheed Martin, cometió un error garrafal. Era una simple coma, ¡pero les costó millones de dólares! En un contrato con un cliente internacional, la corporación Lockheed tuvo que pagar 70 millones de dólares por haber puesto mal una coma. La compañía insistió en que el fabricante cumpliera el contrato tal como debería haberse firmado, pero desafortunadamente, la contraparte no accedió y, por lo tanto, tuvieron que pagar aquella exorbitante cantidad de dinero de más.


Lo mismo sucede con el pecado; porque tiene un alto costo; aunque en el momento de cometerlo parece tan insignificante como una pequeña coma. Las transgresiones a la ley de Dios pueden parecer inofensivas, como la conocida «mentira blanca»; no obstante, pueden terminar haciendo mucho daño. Por eso el apóstol Pablo dijo: «¿No saben que un poco de levadura hace fermentar toda la masa?» (1 Corintios 5.6 RVC).



Cuídense unos a otros, para que ninguno de ustedes deje de recibir la gracia de Dios. Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz venenosa de amargura, la cual los trastorne a ustedes y envenene a muchos. (Hebreos 12.15 NTV)


Por ejemplo, unos kilos de más del peso óptimo, le pueden costar a un atleta el ganar una carrera, ya que ese «pequeño» exceso de peso hacen que, lo quiera o no, ir más lento. Del mismo modo, una raíz venenosa o de odio (o de amargura como dice la versión RVR60), puede producirnos un enorme daño espiritual en nuestra relación con Dios, pero sobre todo en las relaciones con los demás hermanos y personas que nos rodean.


En el mismo capítulo 3 de Proverbios leemos lo siguiente:


Hijo mío, no rechaces la disciplina del Señor ni te enojes cuando te corrige. Pues el Señor corrige a los que ama, tal como un padre corrige al hijo que es su deleite. (Proverbios 3.11–12 NTV)


Acá podemos ver que si desobedecemos a Dios, no podemos esperar otra cosa que su disciplina. Por esta razón nos dice que es sabio que «temamos al Señor y nos apartemos del mal» (v. 7). Entonces, mis hermanos, ¿estamos dejando que uno o varios pecados se enreden y retrasen nuestra carrera cristiana? (Heb 12.2). Si nuestra respuesta es sí, vayamos a la presencia de Dios, confesemos nuestro pecado(s) y pidamos perdón, porque el costo será mucho más alto después.


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