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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Dudas humanas



(Juan el Bautista) los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? (Lucas 7:19)


A veces nos olvidamos que los personajes bíblicos eran tan humanos y falibles como lo somos nosotros. Tomemos de ejemplo a Juan el bautista. Su Palabra nos dice que él fue lleno del Espíritu Santo desde que estaba en el vientre de su madre (Lucas 1:15). Y el Señor lo reconoció como el mayor de los profetas (Lucas 7:28). En el evangelio de Juan vemos como proclama: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). Asimismo, en Mateo 3:17, vemos cómo estuvo presente cuando Dios Padre dijo desde los cielos: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia».


Sin embargo, tuvo las mismas dudas que usted y yo tenemos a veces. Puesto que un día, estando en la cárcel, la duda se apoderó de él. Aunque Juan el bautista había anunciado la venida del Mesías y se le había revelado que este era el Señor Jesús; aun así, tuvo dudas. ¿Por qué? Porque Jesucristo no se comportaba como el Mesías que él y otros esperaban, esto es, liberando a su pueblo del invasor romano, que es lo esperaban los judíos, una especie de Mesías/caudillo que los libraría de sus enemigos. Y es debido a esto, que Juan envía a preguntar a dos de sus discípulos si el Señor es el Mesías, que es lo que encontramos en el versículo del encabezado.


Lo mismo nos pasa a nosotros los cristianos. Cuando pensamos haber comprendido la voluntad de Dios, pero de pronto Él actúa de otra manera, nos hacemos preguntas, y las sombras de la duda invaden nuestras mentes y corazones. Juan el bautista no temió preguntarle al Señor, y el Señor no se enojó con él por tener dudas, es más, se tomó el tiempo de demostrar con hechos que Él era el Mesías.


El Señor le recordó que los milagros que había hecho habían sido anunciados en el Antiguo Testamento (ver Isaías 35:5–6): «Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio» (Lucas 7:22). Y Él era ese mismo Mesías, quien daba cumplimiento a cada palabra dicha en el A.T.

Mis hermanos, Dios, no se enoja cuando dudamos, pues Él sabe que somos polvo y sufrimos de estas debilidades. Por el contrario, nuestro Dios se toma el tiempo para disipar toda duda de nuestros corazones con respecto a su persona. Así que no temamos de ir a su presencia y expresarle nuestros temores y dudas, pues Él siempre estará dispuesto a respondernos positivamente.


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