• Alexis Sazo

Dos maneras de morir



Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. (Apocalipsis 14.13 RVR60)


En el Antiguo Testamento, específicamente en el libro de 1 Crónicas, encontramos el relato sobre la muerte del primer rey de Israel llamado Saúl. Dice la Palabra de Dios:


Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó. (1 Crónicas 10.13 RVR60)


¡Qué horrible perspectiva presentarse ante Dios con sus faltas! Todos nuestros actos y pensamientos saldrán a la luz ante el Dios Santo: su justicia solo podrá condenarnos. Para el que muere sin que sus pecados sean perdonados, la muerte es el principio de una eternidad de remordimientos y dolor, lejos de Dios para siempre, tal como dice en Mateo 22.13.


Pero también podemos morir «en el Señor Jesús» o «en la fe», como dice la Biblia. Morir en el Señor significa morir con la seguridad de que estamos libres del juicio mencionado anteriormente. ¿Por qué?


Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. (Juan 3.16–17 RVR60)


El que cree que esto puede estar seguro de que nunca será condenado, pues el Dios justo castigó a su Hijo en lugar de nosotros, los pecadores. Y quienes hemos creído esta verdad podemos decir con felicidad: «porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados» (Isaías 38.17 RVR60) Para el que tiene la vida eterna, la muerte es simplemente la puerta que se abre para ir al cielo.


Vale la pena reflexionar en estas dos maneras de morir, pues la elección debe hacerse mientras estamos en la tierra; preste atención: ¡No habrá una segunda oportunidad! Si usted no va a Cristo en busca de la salvación de su alma mientras hay vida en su cuerpo, una vez muerto no hay vuelta atrás, porque bien dicen las escrituras:


Y así como cada persona está destinada a morir una sola vez y después vendrá el juicio. Hebreos 9.27 NTV)


Y por cierto, no piense que podrá esperar hasta el último minuto para ocuparse de este asunto, pues no sabemos ni el día, la hora, ni cómo hemos de morir, y posiblemente en ese momento será demasiado tarde.


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