• Alexis Sazo

Dios nuestro Padre



Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (Romanos 8:15)


Uno de los tesoros más grandes que nos trajo el Señor Jesús, fue darnos a conocer a Dios como nuestro Padre. Para todo creyente, el trino Dios se torna en alguien tan cercano como un Padre, uno que por cierto es bueno y misericordioso (Marcos 10:18; Lucas 6:36).


Para Gulshan Sayed, una joven paquistaní, después de haber creído en el Señor Jesús como el salvador de su vida, dijo: «Para hablar a Dios podía utilizar una expresión nueva para mí: “Mi Padre”. Veía a Dios bajo una nueva perspectiva. Sí, Él es aquel supremo ser, pero al mismo tiempo es mi Padre. —¡Cuán bueno eres al ser mi Padre! Decía yo durante la noche. Y me sentía reconfortada por un amor inefable que llegaba hasta el fondo de mi ser. El antiguo temor de que Dios se disgustara conmigo por algo que hubiera hecho, ha desaparecido».


Cuando el unigénito Hijo de Dios, el Señor Jesús, estaba en la tierra, vivía en intimidad con su Padre, moraba constantemente en la presencia de Él, en su amor y la ternura de su Padre. Y como tal fue su amor (Juan 3:16) que quiso compartir ese amor paternal con nosotros:


Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. (Juan 17:23)


Ahora, si no acudimos a Dios el Padre por medio del Señor Jesús, siempre permaneceremos lejos de Él, porque nadie puede ir al Padre si no es por medio del Señor (Juan 14:6). Y cuanto más aprendamos a conocer al Señor Jesús, más descubriremos al Padre. Y si bien invocar a Dios como Padre es un gran privilegio, también debemos ser conscientes del respeto y la obediencia que le debemos:


El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? (Malaquías 1:6)


La obediencia hacia el Padre es el medio de prueba de nuestro amor y fe a Dios (Juan 14:23). Pero al mismo tiempo es un deleite poder decir: «¡Abba, Padre!» (Romanos 8:15).


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