• Alexis Sazo

Dios nos está mirando



Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos. (Proverbios 15:3)


«El Gran Hermano te está mirando», es el tema central de la novela «1984», escrita por George Orwell. El Gran Hermano personifica a un estado totalitario y omnipresente que vigila y controla los más mínimos gestos de cada ciudadano, lo cual hace la vida insoportable. ¡Afortunadamente solo se trata de una novela de ciencia ficción! Dicen muchos para calmar sus mentes al pensar en algo así.


Pero lo que no es ciencia ficción es que Dios —como dice el versículo del encabezado— conoce cada uno de nuestros actos, palabras e incluso nuestros pensamientos. A muchas personas les incomoda la idea de que alguien les esté mirando constantemente en todo su actuar, ya que hay cosas que deseamos, pensamos o hacemos que deseamos que nadie se entere. No obstante, la Palabra de Dios nos dice:


Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. (Salmos 139:2–4)


Dios es el creador de todo lo que existe, eso le incluye a usted también. Y Él, al ser Dios y Padre de todos (Efesios 4:6) se interesa en los detalles de la vida de cada una de sus criaturas; «porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, y él considera todas sus veredas» (Proverbios 5:21). Podemos disimular muchas cosas, incluso a nuestros más cercanos, pero no a Dios, pues Él conoce hasta los motivos por los cuales actuamos.


Esta realidad es solemne, pero al mismo tiempo nadie queda fuera del alcance de su amor. Las intenciones de Dios no son malas o controladoras para manejarnos como marionetas, sino que son buenas, porque Él «quiere que todos los hombres sean salvos» (1 Timoteo 2:4).


Así que, en vez de tratar de escapar de Dios (lo cual es inútil) o de escondernos de Él, vayamos a su presencia a través de la oración; reconozcamos nuestros pecados y aceptemos el perdón gratuito que nos ofrece a través de su Hijo Jesucristo. Entonces, experimentaremos la gran seguridad que nos da saber que hay un Dios en los cielos que nos mira constantemente, velando y cuidándonos con su tierno amor y misericordia, guardándonos del peligro e indicándonos el buen camino.


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