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  • Alexis Sazo

Dios nos conoce, bendita verdad



Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. (2 Timoteo 2:19)


El arao, una pequeña ave marítima que vive en los acantilados rocosos de las regiones costeras del norte. Estas aves ser reúnen por millares en áreas comparativamente pequeñas. Debido a su condición atestada, cientos de hembras ponen sus huevos en forma de pera, uno junto al otro en hilera sobre un arrecife estrecho. Puesto que los huevos se parecen, es increíble que el ave mamá pueda identificar lo que los que le pertenecen. No obstante, los estudiosos muestran que el ave conoce sus propios huevos tan bien, incluso cuando se mueve uno, que los encuentra y los regresa a su sitio original. Nunca los confunde.


La Biblia nos dice que el Padre celestial comprende íntimamente a cada uno de sus hijos. Conoce todos sus pensamientos y emociones, tal como decía el salmista: «todos mis caminos te son conocidos» (Salmos 139:3). Desde la mañana hasta la noche, Dios, presta atención personal a todas nuestras circunstancias. Y mirando este mismo salmo, podemos ver que el salmista —abrumado por esta gloriosa realidad—, exclamó con asombro: «Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender» (Salmos 139:6).


El conocimiento de Dios, no solo evoca nuestra alabanza y adoración, sino que también le da gran consuelo a nuestros corazones. ¿No es maravilloso que el Señor nos ame tanto y nos conozca también? El mismo Señor Jesús lo dijo: «Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas» (Juan 10:14–16). Que esta hermosa verdad llene nuestros corazones de confianza, paz y amor por nuestro Dios, aquel que nos conoce.




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