• Alexis Sazo

Dios en el centro de nuestras vidas



Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mateo 18:20)


Ser creyente no significa formar parte de una religión o pertenecer a una u otra confesión o denominación por tradición familiar. Tampoco significa imaginarnos a Dios como quisiésemos que fuese. Es conocerlo como Él se presenta en su Palabra, tal como Jesús nos lo reveló: el Dios vivo, nuestro Padre.


Es fundamental que el Dios vivo esté presente en nuestra propia vida, que aceptemos tener un encuentro con Él, pues Dios no siempre está donde nosotros lo estamos esperando. ¡Estemos atentos y receptivos! ¡Qué su voz no nos sorprenda!


Dios es la voz dulce y suave que calma nuestras angustias es la buena compañía en los momentos de soledad, cuando nadie puede comprendernos. También es el que nos corrige por amor. La presencia real de Dios siempre es más fuerte que todo lo que podríamos imaginar que pudiese reemplazarla. Dios puede y debe ser servido y adorado en nuestra vida: Dios en el centro de la Iglesia, en el centro del mundo y del pensamiento.


¡La gran tarea para los cristianos es mostrar que hay un único Dios revelado mediante Jesucristo, el Dios de la Biblia!


Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él. (1 Corintios 8:5–6)


La Buena Semilla


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