• Alexis Sazo

Después de doce años de enfermedad



Sostiene Jehová a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos. (Salmos 145:14)


¿Quién era esa mujer (Marcos 5:25–34), la cual se acercó a Jesús en medio de una multitud, buscando ayuda que esperaba desde hacía doce años?


De entre aquel gentío, muchas personas tocaban al Señor Jesús sin recibir ningún beneficio, mientras caminaba con destino a la casa de Jairo. No obstante, esta mujer se acercó a Él con fe, creyendo que Jesús podía sanarla de aquella enfermedad que padecía hace doce años. Se acercó discretamente por detrás y tocó el borde de su manto. Entonces, poder salió del Señor en respuesta a la fe de la mujer.


Estar en contacto con el evangelio o con cristianos verdaderamente fieles no comunica la salvación del alma. Únicamente cuando uno cree en el Señor Jesús, con fe y de todo corazón, se es salvo. La curación de aquella mujer es una imagen de ello.


Jesús se detuvo para sacar del anonimato a esa mujer. Y ella reconoció delante de todos su estado y lo que había hecho. Entonces recibió la amorosa respuesta del Señor: «Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote» (Marcos 5:34). Analicemos por parte estas palabras:


1. «Hija»: Una relación se estableció entre Jesús y ella.

2. «Tu fe te ha hecho salva»: Las necesidades de tu alma han sido satisfechas.

3. «Ve en paz»: se fue con plena seguridad.

4. «Queda sana de tu azote»: Su sanación fue definitiva.


Del mismo modo ocurre con la salvación de nuestras almas cuando somos «salvos por gracia, por medio de la fe en Jesús» (Efesios 2:8), y nuestra liberación es completa y está garantizada. Solo una confesión verdadera y hecha de corazón determina nuestra condición ante Dios. Él nos dará a conocer interiormente el gozo y la certeza de la salvación; y el testimonio de nuestra vida lo mostrará ante todos (Santiago 2:24).


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