• Alexis Sazo

Derribemos las paredes que nos dividen



Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados. (Hebreos 12.14–15 RVR60)


Después de la Segunda Guerra Mundial, se desató lo que se denominó la Guerra Fría, que fue cuando las naciones intercambiaban amenazas con misiles nucleares y competían por el poder. Un muy buen ejemplo de esta enemistad fue el Muro de Berlín, el cual fue construido en agosto de 1961. Este se mantuvo durante casi tres décadas como un símbolo patente de la ardiente enemistad entre Oriente y Occidente. Sin embargo, el 9 de noviembre de 1989 ocurrió la histórica caída del muro de Berlín. desde aquella fecha se anunció que sus habitantes podrían cruzar libremente de un lado al otro de la ciudad. Y año después, el muro se demolió por completo.


Alguien se podrá preguntar, ¿y qué tiene que ver esto conmigo? Bueno, a decir verdad, bastante, porque muchos hermanos en la fe han levantado verdaderos muros de rencor, odio, falta de perdón y resentimiento contra otros hermanos que quizás le ofendieron o los traicionaron. De ahí la importancia del perdón. Por eso el Señor dijo:


Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. (Mateo 6.14–15 RVR60)


Si miramos en el Antiguo Testamento, podemos ver la conocida historia de José. Su padre Jacob tenía un cierto favoritismo por él, por lo cual sus hermanos le odiaban (Génesis 37). Y a pesar de que sus hermanos lo vendieron como esclavo por envidia, no obstante, José se rehusó a levantar una pared de odio entre él y sus hermanos. Digo esto, porque muchos años después, cuando una hambruna azotó toda aquella región, ellos se encontraron cara a cara con José, pero este los trató bondadosamente, diciendo: «Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien […]. Y los consoló y les habló cariñosamente» (Génesis 50.20-21); lo cual ayudó a recomponer la relación.


Volviendo al relato del muro de Berlín; hoy, hace 31 años que aquella barrera opresora fue abierta, ofreciendo libertad y reuniendo a familias y amigos. Sigamos aquel ejemplo si es que hemos levantado paredes de enojo y separación entre nosotros y los demás. Y si sentimos que no podemos hacerlo, el Señor está dispuesto a ayudarnos a derribarlas ¡no tarde! Porque su Palabra nos dice:


Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. (Mateo 18.15–18 RVR60)


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