• Alexis Sazo

Dejar fuera a las serpientes



No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. (Romanos 6:12–14)


La isla de Guam forma parte de las islas Marianas, en la región de Micronesia, la que se ubica en el Pacífico oeste. Esta isla está repleta de serpientes, las cuales tienen el color de los árboles y se deslizan por doquier. Estas serpientes no son nativas de la isla, pues llegaron como polizones en aviones desde Micronesia, y por carecer de un depredador natural se han multiplicado por miles.


El problema con estas serpientes es que ya han acabado con nueve de once especies de aves nativas de la isla; e incluso están amenazando no solo el estilo de vida de los ciudadanos, sino también el comercio con otras islas con las que comercia Guam. Los habitantes de esta isla, por supuesto, desean que estas serpientes se mantengan a raya, «fuera de sus vidas».


De la misma forma como las serpientes mortales son un peligro para Guam; del mismo modo nuestros pecados son un peligro para nosotros si no lidiamos con ellos decididamente. En las vidas de los cristianos pueden aparecer pecados como la lascivia, la blasfemia, el lenguaje sucio, etc. Y al igual que las serpientes, esos pecados pueden crecer desmedidamente hasta dominarnos. También pueden destruir nuestra labor y testimonios como cristianos. Por eso nos dicen las escrituras:


Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. (Romanos 8:12–13)


Frente a este problema, Dios nos dice: «Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros» (Colosenses 3:5). Para ello necesitamos centrarnos en Cristo y en su palabra, mantener nuestra mente ocupada con las cosas de Dios, tal como su Palabra lo enseña:


Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.(Filipenses 4:8)


De esta forma podremos evitar –y mantener– fuera a «las serpientes» de nuestras vidas.


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