• Alexis Sazo

¿De qué lado mirar?



Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? (Mateo 14:30–31 RVR60)


Alguien dijo: «Hay tres maneras de mirar. Si quiere ser desdichado, mírese a usted mismo; si quiere entretenerse, mire a su alrededor; pero si quiere tener la paz, mire hacia arriba». Muchos hijos de Dios se privan de todo gozo porque se miran obstinadamente a sí mismos. De esta manera siempre se sentirán miserables y llenos de dudas desde la mañana hasta la noche.


Cuando el Señor Jesús caminó sobre las aguas del mar de Galilea, el apóstol Pedro le dijo: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas» (Mateo 14:28 RVR60). El Señor Jesús le dijo: «Ven». Pero Pedro no tardó en mirar a su alrededor y al ver las grandes olas y el mar embravecido por el fuerte viento, enseguida comenzó a hundirse y pidió auxilio al único que podía salvarlo. Entonces, el Señor Jesús lo rescató y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?» Las palabras del divino maestro le aseguraban un apoyo inquebrantable, pero Pedro apartó su mirada de Jesús y comenzó a hundirse. Por eso es tan necesario que mantengamos los ojos fijos en Él.


Por ejemplo, un agricultor no puede hacer un surco completamente derecho sin un punto de referencia; lo mismo le pasa a un caminante, el cual tampoco puede hacer un rastro derecho sobre una alfombra de nieve si no mira fijamente un árbol o algún otro objeto lejano delante de él. Solo tenemos verdadera paz cuando fijamos los ojos en Jesús; por eso dice el himno: «Fija tus ojos en Cristo, tan llenos de gracia y amor; y lo terrenal sin valor será a la luz del glorioso Señor».


Cuando el Señor Jesús ascendió a los cielos, sus discípulos quedaron mirando fijamente al cielo y con esta visión los discípulos se volvieron llenos de gozo (Lucas 24:50–52). Entonces, ¿quiere acrecentar sus dudas? Mírese a usted mismo. Pero si por el contrario quiere disiparlas, entonces mire a Jesús.


Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. (Hebreos 12:1–2 RVR60)


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