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  • Foto del escritorAlexis Sazo

¿De qué está llena nuestra boca?




El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón, saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón, saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca. (Lucas 6:45)


Conforme a lo que el Señor nos enseña en los evangelios, entendemos que lo que sale de nuestras bocas, tiene su origen en nuestros corazones, pero ¿están estos llenos de Dios? No sé si les pasa a ustedes, mis hermanos, pero cuando leo los salmos, me doy cuenta de que mi corazón no está lleno de Él. Decía el autor del salmo 71:


Mis labios se alegrarán cuando cante a ti, y mi alma, la cual redimiste. Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día; por cuanto han sido avergonzados, porque han sido confundidos los que mi mal procuraban. (Salmos 71:22–24).


Claramente, este escritor que el Espíritu Santo no identificó, tenía una íntima relación con Dios, y se nota que le conocía profundamente. Porque solo alguien que ha pasado tiempo con Dios, que le ha buscado para conocerle, puede expresarse de aquella forma. Únicamente ha llenado su corazón de Dios, puede hablar de tal forma.


Dios les habló a los habitantes del reino del sur por medio del profeta Jeremías, y dijo de ellos: «Su morada está en medio del engaño; por muy engañadores no quisieron conocerme [énfasis añadido], dice Jehová» (Jeremías 9:6). Sin embargo, el deseo de Dios es que le conozcamos, es más, en este mismo capítulo del libro de Jeremías, dice: «Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme [énfasis añadido], que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero [énfasis añadido], dice Jehová» (Jeremías 9:24). El apóstol Juan, sobre esto mismo, nos dice: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Juan 17:3). 


Entonces, mis hermanos, ¿nos estamos llenando de Dios para que nuestras bocas hablen de Él? ¿Están nuestras bocas llenas del conocimiento de Dios y de alabanzas para el Altísimo? ¿O será que nuestros corazones (y bocas) están llenas de los deseos de la carne o de las cosas del mundo?

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