• Alexis Sazo

Cuidemos lo que hemos recibido de Dios



No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. (Hebreos 12.16–17 RVR60)


Una mujer, por error, permitió que unas valiosas joyas fueran vendidas por 10 centavos de dólar. Esto pasó después de que sacara las joyas de la caja de seguridad de un banco para ponérselas para una boda. Cuando la boda terminó y ella llegó a casa el banco ya estaba cerrado, por lo que las colocó en una caja vieja con artículos para afeitar; y se olvidó de ellas. Un día, una amiga le pidió cosas de poco valor para una venta de artículos usados, y ella le pasó la caja con sus valiosísimas joyas, sin tener en cuenta que iban dentro. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, tristemente, las valiosas gemas se habían vendido a un desconocido por la mísera cantidad de 10 centavos de dólar.


El dolor que sintió esta señora, puede que sea similar al que sintió Esaú. Él también descubrió con dolor que había perdido su primogenitura. Aunque, claro, este profano, como lo llaman Dios en las escritura, despreció lo que Dios le había otorgado, ya que conforme a la Palabra de Dios los primogénitos debían recibir doble de lo que les tocara a los demás hijos (ver Deuteronomio 21.17).


Del mismo modo nosotros podemos desperdiciar la salvación que hemos recibido, viviendo para nuestros deleites, para hacer nuestra propia voluntad y no la de nuestro amo, de nuestro Señor. De ahí la advertencia de Hebreos:


Así que debemos prestar mucha atención a las verdades que hemos oído, no sea que nos desviemos de ellas. Pues el mensaje que Dios transmitió mediante los ángeles se ha mantenido siempre firme, y toda infracción de la ley y todo acto de desobediencia recibió el castigo que merecía. Entonces, ¿qué nos hace pensar que podemos escapar si descuidamos esta salvación tan grande, que primeramente fue anunciada por el mismo Señor Jesús y luego nos fue transmitida por quienes lo oyeron hablar? (Hebreos 2.1–3 NTV)


Es que no podemos olvidar que fuimos salvados con propósitos a cumplir, pues bien dice su Palabra: «según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él» (Efesios 1.4 RVR60). Y en esta misma epístola dice: «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Efesios 2.10 RVR60).


Por lo tanto, hermanos, tengamos cuidado de «no poner en una caja vieja» nuestra salvación y echarla al olvido; ni tampoco la despreciemos como lo hizo el profano Esaú. Sino que tomemos el peso de lo que hemos recibido de Dios a través del Señor Jesús.


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