• Alexis Sazo

¿Cuánto le conocemos?



También toda aquella generación fue reunida a sus padres; y se levantó otra generación después de ellos que no conocía al Señor. (Jueces 2.10 LBLA)


En un matrimonio, una esposa nos puede decir mucho acerca de su marido. Por ejemplo, su altura, el color de sus ojos, sus hábitos alimenticios, su educación, su trabajo, su comportamiento en la casa, su mejor amigo, sus hobbies, su equipo favorito. Y qué de aquellas miradas cómplices, diciendo mucho solo con mirarlo a los ojos, por ejemplo, a través de la mesa durante una cena en su restaurante favorito. ¿Por qué ella puede hacer tal cosa? Sencillo, por los años de amistad, las miles de conversaciones y discusiones que han tenido. Podemos decir que esta esposa conoce el corazón de su esposo y sabe si algo no anda bien con solo mirarle o escuchar el tono de su voz.


Ahora, en su Palabra leemos lo siguiente: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada (Efesios 5.25–27 LBLA). Entonces, conforme a estos versículos, entendemos que nosotros, es decir, la iglesia, somos la esposa de Cristo. Y acá viene la pregunta importante ¿qué podría decirle usted a alguien acerca de su esposo celestial? ¿Podría decir qué le gusta? ¿Cuál era su comida favorita? ¿Cómo reacciona frente a ciertas situaciones? ¿Podría siquiera decir de qué va su trabajo?


Si no puede responder estas preguntas, usted no conoce a su esposo celestial. ¿A qué se debe esto? A que no conversa con Él diariamente en oración; no mira cómo se comportaba en las escrituras, especialmente en los evangelios. No medita en sus actos; tampoco invierte tiempo averiguando de Él en las escrituras. A decir verdad, este es un problema bastante común, pues la mayoría de los cristianos no leen los evangelios a diario, buscando conocer más a su esposo. Muchos se centran más en las cartas de Pablo y reservan los evangelios para las predicaciones.


Les hago una pregunta más ¿vamos a esperar llegar al cielo para recién empezar a conocerle? Porque si actuamos y pensamos de esa forma, no somos más que una pésima esposa.


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