• Iris P.

¿CUÁNTO CONOCEMOS A DIOS?



¿Podríamos decir con certeza que, como creyentes, conocemos a Dios? Dijo el Señor: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios (Mateo 22.29 RVR60).


Hermanos, es mejor que comencemos a preocuparnos de examinarnos ante los ojos de Dios y no ante los nuestros o de los que nos rodean; porque siempre estaremos satisfechos y despreocupados de nuestra salvación si nos evaluamos usando nuestros propios estándares, ya que no podemos descuidar la salvación que se nos ha dado (Hebreos 2.3). Es que no podemos vivir olvidando lo caro que le costamos al Señor. ¡Fue la vida del Autor de la vida!


Como nos dicen las escrituras, cuando Adán y Eva pecaron, fue debido a los engaños y tentaciones de Satanás, pero ¿acaso creemos que este dejó de hacerlo en nuestros días? ¡Claro que no! Él sigue engañando incansablemente a todos aquellos que se dejen engañar. Obstaculiza y pone tropiezos cada día, lanza ataques de todo tipo para hacernos caer y busca siempre tentarnos en nuestra carne; pues anda como un león rugiente buscando a quien devorar (1 Pedro 5.8).


Dentro de todos sus engaños, existe uno que se popularizó hace ya un tiempo y es el hacer creer a muchos que son salvos porque recitaron la “oración de fe”. Otra de sus mentiras es hacer creer la mentira de que por ser creyentes, eso nos da la “autorización” o el “permiso” para seguir llevando una vida de pecado o idéntica a la de la sociedad; es decir, viviendo para nosotros mismos sin tener en cuenta a Dios y a su Palabra. Estos “cristianos” repiten frases como: “Bah, si estamos en la gracia y Dios lo perdona todo” o “Dios solo mira lo de dentro del corazón y no lo de fuera”, también dicen: “Los tiempos cambiaron, eso era para la gente de ese tiempo, no para la de ahora”. Al repetir esas frases solo demuestran el poco conocimiento que tienen de Dios y de su Palabra.


El Señor Jesús dijo claramente que no podemos servir a dos señores (Mateo 6.24), así que, o lo servimos a Él o servimos a alguien más. Sin embargo, Dios nos llama a ser fieles y obedientes en todo lo que Él nos manda. Aunque llevar una vida de fidelidad al Señor sea más difícil con cada día que pasa, eso no es excusa delante de Él. Hermanos, es que no debemos imitar el modelo del mundo (Romanos 12.2), porque este mundo pasa, así como sus deseos (1 Juan 2.17), además, recordemos que nuestra ciudadanía está en los cielos y no acá en la tierra (Filipenses 3.20).


Por otra parte, ¿cómo se supone que vamos a seguir (y a servir) al Señor si no le conocemos a Él y a su Palabra? Porque, honestamente ¿cuánto conocemos de Él? Es que, en serio, ¿cuál es nuestra prioridad en nuestras vidas? ¿Acaso son nuestros los afanes de la vida, las tareas del hogar, el trabajo, los hijos, el yo? Por eso el Señor nos dijo:


Porque muchos son los llamados, y pocos los escogidos. (Mateo 22.14 RVR60)

Tristemente, el actuar de muchos cristianos, hoy en día, es un de un continuo y rotundo ¡no! a las cosas divinas, pero no se dan cuenta que ya casi no nos queda tiempo para conocerlo a él y sus bondades, ni de disfrutar la vida nueva que nos dio, porque muchos piensan que eso es solo para el día domingo (y si es que dejan algo de tiempo), porque para muchos primero está la familia, los hijos, el trabajo, etc. ¡Uf, el tiempo está cada día más corto y nosotros lo estamos despilfarrando! Y ¿cuando nos pondremos el traje de boda para responder a su invitación (Mateo 22.11-14)? Oiga, está por venir el Rey de reyes y Señor de señores y es mejor que seamos diligentes, porque o si no nos pueden echar en las tinieblas de afuera.


Dichoso aquel siervo a quien, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así. De verdad os digo que lo pondrá sobre todos sus bienes. Pero si aquel siervo dice en su corazón: “Mi señor tardará en venir”; y empieza a golpear a los criados y a las criadas, y a comer, a beber y a embriagarse; el señor de aquel siervo llegará un día, cuando él no lo espera y a una hora que no sabe, y lo azotará severamente, y le asignará un lugar con los incrédulos. Y aquel siervo que sabía la voluntad de su señor, y que no se preparó ni obró conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. (Lucas 12.43–47 LBLA)

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